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Un Porvenir de lucha

¡No sabés lo que fue aquella tarde gloriosa! Centro del Tito Coronel y el Yagui Forestello que sólo tuvo que empujarla. ¡Qué equipo! Si te cuento que también jugaba el Garrafa Sánchez ¿me crees? Cada partido era una fiesta de fútbol, pibe. Adrián González se comía el mediocampo y atrás lo teníamos a Iván Delfino, un animal. Una vez lo vi levantar la gamba como si fuera Bruce Lee para sacarle la pelota de la cabeza a un delantero rival. Pensás que te estoy cargando, ¿no? No sabés, pibe, no sabés como jugaba ese equipo que desde el banco lo comandaba el finado Calabria. Y sí, fue la última gran alegría de El Porve, ascendió al Nacional B y todo Gerli (el del lado de Avellaneda y el de Lanús también) estuvo aquella tarde en el Enrique de Roberts o en el Gildo Ghersinich, como quieras llamarlo. Los pagos de La Mosca estaban de fiesta, pibe. Y no lo digo yo solo ¿eh? Preguntale a cualquier paisano de la zona y te va a contar lo mismo. ¿Cómo me preguntas donde queda La Mosca? ¿Me estas cargando?

Que paparulo sos ¿no te enseñan nada en la escuela? La Mosca se llamaba una pulpería que existía allá por el 1900. Toda carreta que pasaba por ahí paraba a descansar un poco, vos viste que el viaje en carreta puede ser tortuoso, más si se recorren tantos kilómetros. Imaginate que las carretas salían del centro de la Capital y se adentraban hacia el sur por la Av. Pavón, o Yrigoyen, llamala como quieras. Incluso, en 1908, la compañía de tranvías tenía su parada allí y le puso como nombre La Mosca. Ahora hay un cuartel de bomberos, ¡pero claro, pibe, Av. Galicia y Pavón!

Por aquellos pagos nació El Porvenir, ahí tuvo su bautismo y allí su primera cancha. Y te cuento algo muy curioso, al principio ni se jugaba al fobal. Resulta que había un grupo de muchachotes fornidos que practicaban la Lucha grecorromana. Si me preguntás cómo es eso, ni idea, pero era un deporte que se destacaba en las Olimpiadas unos 700 años antes del finado Jesús, más o menos, vos viste que yo para las fechas soy un desastre. El tema es que estos muchachos eran buenos en eso de luchar. Mi viejo me contaba que les ganaban a los luchadores de la Capital, imagínate. Los pobres porteños se quedaban con una vena de película.

Allá, por 1915, estos luchadores se juntaban en el bar de “Tito”, muy famoso en aquellos tiempos porque fue el antiguo almacén del correo y ahí comenzaron a pensar en tener un lugar para juntarse y practicar ese deporte. Y vos sabes que el Tito les dio un espacio en la parte de atrás del bar para que tiren unas colchonetas y comiencen a pelearse, pero no de verdad, por deporte, ¿entendés? Fue un 11 de septiembre de 1915 cuando decidieron darle vida al club. Mi viejo contaba que llamaron a asamblea los chambones, eran unos pocos pero querían hacer las cosas bien, qué sé yo. Mirá, leé este recorte que guardo en la billetera: “…se decide fundar un club para la práctica y difusión de la lucha greco-romana en nuestra zona de influencia, bregando por el imperio de la educación física y moral de la juventud…”.

Escribían lindo, ¿no? Vos sabés que el primer presidente fue Vicente Gioffre, que era uno de los luchadores con más prestigio de la zona y Enrique De Roberts fue el vice, otro bravo luchador. Y dicen que fue Vicente quien propuso que la institución se llamase El Porvenir y que el resto de la asamblea apoyó la idea de forma unánime. Me imagino que aquel momento debe haber sido muy emotivo, ¿me estas escuchando? ¡Dejá ese celular paspao que viene lo mejor!

Además de la grecorromana, practicaban el Judo y la Lucha libre. ¿Qué programa de TV decís? ¿Lucha libre? No, no era el programa ese. Nosotros lo llamábamos Cach pero llevaba una “T” cuando la escribían en los diarios. Hubo un famoso luchador de Cach en el ispa, se llamaba Martín Karadajian y le decían “El Cortito”, después vino “El Ancho” Peucelle, capaz que los oíste nombrar. Buscalo ahí, en ese aparatito donde ustedes buscan todo…

Te digo que no jugaban al fobal todavía, ¿vos me escuchás cuando te hablo? Fue en 1917 cuando uno de los socios de nombre Camilo Iglesias propuso incorporar el fútbol y el club empezó a participar en la Tercera División. Todo amateur, todo, no existían los profesionales, imaginate que ni cancha tenían. Pero estos muchachos estaban decididos a todo, la sede era el bar y la cancha la armaron en unos terrenos que alquilaron frente a lo del Tito. Eran unos locos de la guerra, los jugadores se cambiaban en el bar y cruzaban la calle al trote para ingresar al campo de juego. Sí, sí, no te rías. ¿Qué querías che? Así comenzó la historia del Porve, a plena lucha en todo sentido.

Pero bueno, acá estamos, en la quinta y definitiva cancha del Blanco y Negro. Yo te juro que no entiendo cómo es que ahora estamos en la C. ¡Ojo! La peleamos lindo en el Nacional B pero después todo se fue al carajo, qué sé yo. ¿Otra vez con ese telefonito? Dale, apágalo que ahí entran los jugadores y hoy tenemos que ganar.

Ilustración: Martín Tobaldo Pastore (https://www.facebook.com/martin.tobaldopastore)

Muso (?) inspirador: Eduardo Sacheri

Diego González

Diego Gonzalez nació un 11 de agosto del año 1975 en el Hospital Evita de Lanús, exactamente el mismo lugar donde también nació un cara sucia de Fiorito que años más tarde regaría de alegría el suelo argento. Estudió historia, de ahí su pasión por esa rama de las Ciencias Sociales, además de trabajar en una escuela pasa varias horas de la semana metido en el Archivo Histórico de Barracas donde aprendió a desempolvar documentos, libros y fotos. Hace un tiempo estuvo recluido en un retiro espiritual rogándole (quien sabe a quién) que sus neuronas no lo abandonen y se alineen correctamente para poder hacer uso de su pluma en pos de informar y entretener, siempre desde sus tres pasiones: la historia, el fútbol de ascenso y, desde hace algunos años, el fútbol femenino.

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