#GoleadoresHistóricos: Maradona, AAAJ y una historia llena de goles

Diego en Argentinos y su faceta de goleador. Un killer letal que nunca pudo repetir. En este especial de #Goleadores: la versión más Pelusa de Maradona.

Por Facundo Di Bona.

Corría la tarde del 20 de octubre de 1976 y la gente se amontonaba en la esquina de Juan Agustín García y Boyacá. Se hablaba de que Carlos Montes haría debutar al chico que hacía jueguitos en el entretiempo. El entonces técnico de Argentinos Juniors le había contado a César Menotti que tenía una joyita de 15 años y el Flaco lo desafió: “Si es tan bueno ponelo en Primera”. El Bicho perdía ante Talleres y la gente pedía que entre el pibe. Montes no aguanta más, lo llama y le da una sola indicación: “Juegue como usted sabe. Y si puede, tire un caño”. El chico es obediente y en la primera que tiene aguanta la pelota, amaga salir para un lado y tira el caño hacia el otro. Nace la leyenda de Diego Maradona y en La Paternal todos aseguran haber estado ahí.

La foto de la primera pelota que tocó Diego en toda su carrera es una reliquia histórica del deporte argentino, pero estuvo guardada 25 años hasta que Diego Borinsky la encontró en el archivo de El Gráfico. Había sido guardada en la carpeta de la víctima: Juan Cabrera. La imagen en blanco y negro habla por sí sola y cuenta mil historias. No del Maradona rebelde, el mejor del mundo o el que se llevó todo por delante. Sino del más auténtico y espontáneo. El más fresco, la mejor versión que tuvo. El más Pelusa de todos los Diego.

Ese momento estuvo enterrado mucho tiempo y el Maradona adolescente casi que no aparece en la cartelera de un hombre que vivió mil vidas, pero es indispensable repasar detalles que no pudo repetir. Fue goleador del torneo argentino entre 1978 y 1980. Es el único jugador en haber conseguido ese logro en cinco campeonatos consecutivos en nuestra Primera División. En Argentinos Juniors es el segundo goleador histórico con 116. Cifra que nunca volvió a alcanzar en toda su carrera con otra camiseta. En 1979 hizo 26 goles en 26 partidos. En 1980, 43 en 45. El más joven en debutar, el más joven en marcar.

Al mes siguiente de su debut tuvo la chance de salir otra vez a la cancha. San Lorenzo de Mar del Plata sufrió la magia. En el primer gol de su carrera gambeteó a nueve jugadores. Ese día hizo dos tantos. La figura de Maradona comenzó a crecer. Prudencia a nivel nacional, pero locura en La Paternal: cuenta el mito que un hombre se llevó el pedazo de tierra donde pisó Diego en su primer partido y luego lo rellenó para que nadie se diera cuenta.

La figura de Maradona se agigantó a fuerza de juego y goles. En el Ducó, todos quedaron helados cuando un nene de 17 años la agarró en su propia área, tiró una pared en el medio y llegó al arco rival para gambetear a Héctor Baley -entonces tercer arquero de la Selección- y definir entre las piernas de Jorge Carrascosa.

Argentinos necesitaba asegurar a su estrella. Próspero Cónsoli, presidente del club, lo ayudó a salir de Villa Fiorito y le regaló una casa en la calle Lascano al 2200. Hoy reconvertido en museo -“La Casa de D10S”- a unas cuadras del estadio. Los hinchas no se quedaron atrás y juntaron plata para regalarle un Mercedes-Benz 500. Diego se amoldó al barrio de La Paternal. Sacaba la mesa a la calle y jugaban a las cartas entre la familia. Ahí conoció a Claudia. En el medio, convocatorias con la Selección, su primer campeonato como goleador y viaje a Río de Janeiro para conocer a Pelé. Maradona deseaba conocer al brasilero, pero costó convencerlo porque el viaje tenía que hacerlo un lunes, su único día libre donde podía verse con su novia y futura esposa.

Seguían los goles y apareció en la lista preliminar para el Mundial ’78, pero Menotti tenía que recortar a tres jugadores y Maradona recibió un baldazo de agua fría. Quizá haya sido la mayor decepción en su carrera. El sueño de jugar el Mundial con Argentina tenía que esperar y el diez era puro llanto. Con la cabeza en alto, Diego siguió siendo el protagonista del torneo local. Al año siguiente campeón del mundo con la juvenil. En La Paternal llovían las ofertas y el equipo empezó a hacer giras con amistosos por todo el mundo. Fue el primer equipo argentino en llevar sponsor en la camiseta. La imagen de Maradona le dio forma a la marca “Argentinos Juniors, el semillero del mundo”.

Ya consolidado como el mejor jugador de Argentina, Diego dio su último gran show con la camiseta del Bicho en 1980 ante Boca. El Loco Gatti lo ninguneó en la previa del partido: “Es un gordito”. Maradona sacó la mejor carta de su versión goleadora. El primero de penal. El segundo bajando la pelota en el área y definiendo de cachetada. El tercero con un tiro libre de frente al arco, fuerte y contra un ángulo. Diego había prometido en el vestuario que le iba a hacer cuatro. Gatti estaba mal parado y Maradona se preparaba para sacar una falta desde la derecha, escuchó que desde el alambrado le gritaron “patea que está papando moscas” y durmió al arquero. Póker de goles y podio. Argentinos terminó subcampeón de ese torneo, la primera vez en su historia, y Maradona -o su mejor versión de Pelusa- festejó a los saltos en la terraza de la calle Lascano. No se pudieron colgar la medalla, pero ya sabía que había cambiado la historia de un club para siempre.


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