Fla-Flu y Vasco da Gama-Botafogo, semana de clásicos en Río

Semana de clásicos en Río de Janeiro. El jueves Flamengo y Fluminense, nada menos, jugarán una de las semifinales de la Copa Río en el estadio olímpico Nilton Santos. Un día antes, en el mismo escenario, ubicado en el barrio Engenhao, Vasco Da Gama y Botafogo protagonizarán la otra semi.

Las series se resolverán en un solo partido y en caso de empate se clasificarán a la final, que se jugará el próximo domingo, Vasco da Gama y Fluminense por ser los equipos que sumaron más puntos en sus respectivas zonas de la fase regular.

La Copa Río es el segundo turno del campeonato carioca. Ya se jugó el primero, la Copa Guanabara, que concluyó el pasado 18 de febrero cuando Flamengo se impuso en la final 2-0 a Boavista.

El torneo tiene un esquema organizativo bastante complejo y controvertido. Si Fla se adjudica ahora la Copa Río se clasificará de manera directa para jugar la final del campeonato en un partido único y con la ventaja de que aun con un empate se consagrará campeón.  En cambio, si la Copa es obtenida por Vasco, Botafogo o Fluminense deberá jugarse un cuadrangular entre Flamengo como titular de la Copa Guanabara, el que resulte ganador de la Copa Río y los otros dos conjuntos que sumaron más puntos al cabo de las dos fases preliminares, con cruces en semifinales a partido único y una gran final a dos partidos.

Los torneos estaduales que se disputan de enero a abril en las todas las regiones del país son hoy certámenes que figuran en un segundo plano competitivo en Brasil. Antes eran la principal atracción para los hinchas, sobre todo en Río de Janeiro y en San Pablo, ya que durante las primeras décadas de su recorrido en el fútbol profesional los brasileños no tenían torneos de alcance nacional.

¿Por qué sucedía eso? Sencillamente porque en una nación de dimensiones territoriales tan gigantescas como Brasil no les resultaba sencillo a las distintas federaciones diseñar y amalgamar un formato de torneo que fuera lo suficientemente integrador y abarcador para contener a todos.

Con el paso de los años, a partir de 1959, comenzaron a desarrollarse los certámenes nacionales que tuvieron múltiples modalidades, en los primeros tiempos con equipos distribuidos en zonas y definiciones vía play off.

Este tipo de competencias fue ganando espacio y jerarquía, ya que eran las que garantizaban proyección internacional con plazas clasificatorias para la Copa Libertadores.

La tendencia se fue acentuando, sobre todo en los últimos 25 años, y se consolidó todavía más a principios de este siglo cuando quedó institucionalizado el modelo actual del Brasileirao, primero con 22 equipos y luego con 20, enfrentándose todos contra a todos a dos ruedas con un calendario que arranca a mediados de abril y termina en diciembre.

El fuerte impacto que significó tener en un mismo campeonato a todos los grandes de Río, San Pablo, Porto Alegre y Minas Gerais compitiendo entre ellos con gran regularidad hizo que el interés de los torcedores se vuelque prioritariamente hacia esta competencia y que los estaduales fueran quedando cada vez más relegados.

Por eso hoy es común ver que los equipos grandes encaran los torneos estaduales de su región como una especie de pretemporada de verano exigente y aprovechan esos partidos- la mayoría de ellos contra clubes muy modestos de las ligas locales- para probar jugadores y ensayar variantes y tácticas de juego mientras se van poniendo a punto con miras a Brasileirao.

En general reservan sus formaciones principales para cuando tienen que afrontar partidos decisivos frente a equipos con los que mantienen gran rivalidad, como sucederá esta semana en Río de Janeiro.

El público tampoco es indiferente a esa realidad. Se pudo comprobar en los últimos días en Porto Alegre, donde Gremio e Internacional jugaron dos clásicos en una semana por el torneo gaucho, luego de más de un año que no se enfrentaban debido al descenso de Inter en el Brasileirao, y ambos partidos se jugaron bajo un marco multitudinario en los estadios Beira Río y Arena do Gremio.

En estos casos, ya se sabe, rige una irrefutable lógica futbolera, ya sea en Argentina, Brasil o Islandia, los clásicos nunca son amistosos y todos los quieren ganar.

Por Gerardo Sobrado

 

Foto: Flickr Oficial Fluminense


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