Una eliminación dolorosa con un futuro prometedor

Serbia no pudo contra la lógica, cayó ante Brasil y se despidió del Mundial. El análisis de su paso por Rusia, que deja buenas sensaciones e ilusiona con un provenir esperanzador.

Las posibilidades eran remotas, pero existían. Serbia llegó a la última fecha del Grupo E con la posibilidad de clasificarse por primera vez en su historia a los octavos de final de una Copa del Mundo, pero para eso debía vencer nada más y nada menos que a Brasil. Algo que finalmente no ocurrió y que decretó la vuelta a casa prematura.

Los números dicen que los balcánicos terminaron terceros en su grupo, con tres puntos. Quedaron detrás de los clasificados Brasil (7) y Suiza (5) y por delante de Costa Rica (1), el único rival al que pudieron vencer -en el partido que marcó el debut en el certamen-. También, las estadísticas dicen que les anotaron cuatro goles y que sólo pudieron marcar dos tantos.

Mladen Krstajić, el joven entrenador de la Selección de Serbia. (Foto: EFE)

Pero lo que las cifras no arrojan es eso que está más allá en el fútbol, y que a la corta o a la larga termina siendo lo más importante: el funcionamiento del equipo. Está claro que a Serbia no le sobró nada en la competencia, pero demostró más de lo que se esperaba de ella. Porque ganó justamente su partido ante los costarricenses, perdió en el último suspiro el encuentro ante los suizos -que lo habían empatado gracias a un golazo de otro partido- y pudo haber lastimado al poderoso Brasil.

Las “Águilas blancas” supieron mantener su idea de juego desde la pretemporada -donde perdieron ante Chile y golearon a Bolivia- hasta el final del Mundial. Fue un equipo que se mostró compacto, replegado y rápido en los contraataques. De todas formas, eso no implicó que en todo momento la estrategia fuera defender, sino que su joven técnico –Mladen Krstajić– apostó a que sus dirigidos salieran jugando desde abajo con la idea de dominar la pelota lo más posible.

A la idea de juego clara establecida por un entrenador que lleva apenas siete meses en su cargo, los serbios pueden añadir la calidad de sus jugadores. Para esta competencia contaron con cuatro futbolistas experimentados como Vladimir Stojković (34 años, Partizán), Branislav Ivanović (34 años, Zenit), Aleksandar Kolarov (32 años, Roma) y Nemanja Matić (29 años, Manchester United), que fueron la columna vertebral de un plantel plagado de chicos que son la gran apuesta a futuro.

Aleksandar Mitrović, el goleador y esperanza de los balcánicos. (Foto: AFP)

Para este proceso, Serbia comenzó a explotar a varios de los juveniles que se consagraron campeones en el Mundial Sub-20 de 2015. De aquellos futbolistas que levantaron la copa ante Brasil en Nueva Zelanda, cinco estuvieron presentes en este Mundial: Predag Rajković (elegido como el mejor arquero de aquel certamen juvenil), Miloš Veljković, Marko Grujić, Sergej Milinković-Savić -de buen rendimiento en Rusia- y Andrija Žvković. A ellos, además, hay que sumarles a Nemanja Maksimović y Mijat Gaćinović, que estuvieron entre los 35 preseleccionados.

En última instancia, hay que destacar también al goleador Aleksandar Mitrović. El delantero de tan sólo 23 años ya tiene más de 100 goles entre clubes y selección, y ha sido una figura clave para que su equipo, el Fulham inglés, retornara esta temporada a la Premier League. Con la camiseta de su país conquistó la Eurocopa Sub-19 en 2013, año en el que fue citado para el seleccionado mayor, en donde ya ha disputado 40 partidos con un total de 17 goles -uno de ellos ante Suiza en Kaliningrado-.

Sin dudas, la eliminación de un Mundial es un trago amargo que cuesta digerir. Pero los serbios, que recién conformaron una nación independiente en 2006, tienen motivos para sonreír de cara a lo que viene. Porque más allá de los resultados, tienen un proyecto en el cual basar todas sus expectativas futbolísticas. El camino para satisfacerlas empezará ahora, ya con la vista puesta en Catar 2022.

Imagen destacada: La República (Perú)


Martín Bugliavaz

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Apasionado por el periodismo. Mi objetivo es comunicar, contar historias y hacerlo con responsabilidad. Llegué al Rincón con el fin de aprender y para tratar de aportar una mirada diferente del fútbol, con la cultura y la educación como insignias.

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