Marsella, la histórica estrella futbolística de Francia

Pocas cosas hay tan representativas de Francia como lo es París, su capital. Hablar de París es hablar de Francia y hablar de Francia genera en la mente un sinfín de hitos parisinos. Pocas capitales en el mundo monopolizan tantos rubros de una nación como lo hace París. Sin embargo, hay un aspecto que los capitalinos nunca pudieron dominar y es el fútbol. De eso se encargó a lo largo de la historia una ciudad que es mostrada como la antítesis de París: Marsella.

Al menos por ahora, hasta que el París Saint-Germain cumpla con ese destino de romper todos los récords que a esta altura ya parece irremediable, quien ostenta el honor de ser el equipo más laureado de la Ligue 1 francesa es el Olympique de Marsella. Un club que está tan ligado a la ciudad al punto de que los colores de su camiseta -el blanco y celeste- son los mismos que los del escudo de armas marsellés.

Una calle del antiguo barrio Le Panier. Foto: Civitatis.

¿Pero qué tiene Marsella, además del fútbol? Muchas cosas. Para aquel que sólo la conozca por los logros deportivos, es necesario aclarar que Marsella -que está ubicada en el sudeste galo, sobre la costa del mar Mediterráneo- es de vital importancia para Francia, pues allí se encuentra el puerto más importante del país y el tercero más grande de toda Europa por detrás del de Róterdam y el de Amberes.

El puerto de la ciudad es clave en la historia de Marsella, pero no sólo a nivel económico, sino también a nivel sociocultural y militar. En cuanto a lo social, y como ocurre con cada ciudad portuaria, la inmigración fue la encargada de moldear la idiosincrasia del lugar. La existencia del puerto y la posibilidad de trabajar hizo que ciudadanos de diferentes partes de Europa arribaran a Marsella y le dieran un carácter multicultural y popular, esto último en notable contraste con París.

El medieval fuerte de San Juan. Foto: National Geographic.

Desde un punto de vista más triste, el militar, el puerto tuvo un papel estelar en la Segunda Guerra Mundial. En esa época, Francia estaba ocupada por una Alemania nazi que en 1944 empezaría a perder el conflicto bélico desde Marsella, pues desde sus aguas ingresaron al país los Aliados en lo que se conoce como la Operación Dragoon. Este conflicto bélico marcó notablemente la vida de Marsella, que quedó devastada y debió ser reconstruida tras el cese de las hostilidades.

Luego de la guerra, la inmigración hacia Marsella siguió el mismo curso y la ciudad recibió a personas de diferentes lares de Europa, pero con la particularidad de que también una gran cantidad de argelinos decidieron escapar de su país para progresar en suelo francés. Aunque parezca un detalle, esta ola migratoria procedente de África cambió drásticamente la vida de Francia y de Marsella, que incorporó diversos aspectos de la cultura árabe.

La Basílica Notre-Dame de la Garde con el mar Mediterráneo de fondo. Foto: Oddviser.

Desde el punto de vista turístico, Marsella presenta varias aristas que sobresalen. Por un lado cuenta con una parte histórica bien conservada a pesar de los daños que la guerra provocó, con el fuerte de San Juan y el bohemio barrio de Le Panier como estandartes. Desde el punto de vista arquitectónico, al fuerte se le agregan dos edificios importantes como la Catedral de la Nueva Mayor y la Basílica de Notre-Dame de la Garde. Este último templo es el más particular, pues posee un estilo único en Francia -romántico bizantino- y además permite obtener una vista panorámica de la ciudad y la costa gracias a que está emplazada sobre una colina.

Más allá del papel preponderante de su puerto y de ser la segunda ciudad más poblada del país por detrás de París, Marsella dejó su marca en el himno de Francia, quizás uno de los más admirados del mundo. Conocido como “La Marsellesa”, este símbolo patrio no nació en Marsella, pero se ganó esa denominación cuando soldados marselleses ingresaron a París entonándolo durante la Revolución francesa, un hito que cambió la vida de todos los franceses para siempre.

Vista aérea del puerto de Marsella. Foto: Mega Construcciones.

Y si de revoluciones y Marsella se habla, es imposible no mencionar al Olympique. El conjunto blanco y celeste fue fundado en 1899, tan sólo tres años después de los primeros Juegos Olímpicos modernos organizados por el barón Pierre de Coubertin. Esto, sumado al carácter multidisciplinario de la flamante institución, derivó en la denominación actual del club, que pocos años más tarde, en las primeras décadas del siglo XX, comenzaría a convertirse en el más ganador y popular de Francia.

A pesar de los vaivenes típicos de un deporte tan parejo y competitivo como el fútbol, el Olympique dominó por períodos largos ese deporte en su país. Es así como en total, a nivel doméstico, cosechó 10 ligas (es el máximo ganador junto al Saint-Étienne), 10 Copas de Francia, 3 Supercopas de Francia y 3 Copas de la liga de Francia.

Sin embargo, el máximo mérito que el Marsella puede ostentar a nivel deportivo es la conquista de la Liga de Campeones, algo que ningún otro equipo francés pudo conseguir a lo largo de la historia. Fue en la temporada 1992-1993 tras vencer por 1-0 a un Milan que en aquel entonces era de los clubes más poderosos del mundo. De todas formas, en el ambiente del fútbol siempre se discute esa conquista porque el club marsellés fue encontrado culpable de arreglar partidos en la liga local, algo que incluso le costó perder un trofeo nacional. Más allá de que el título de campeón europeo no le fue arrebatado, la desconfianza se instaló para siempre.

Toma panorámica del Velodrome, estadio del Olympique de Marsella. Foto: Europe 1.

En cuanto a sus máximos rivales, poco hay que decir. En un país cuyo deporte principal es el rugby, las rivalidades futbolísticas no se sienten demasiado, también por el hecho de no haber varios clubes en una misma ciudad como ocurre en otros lados. Según la época de la que se hable, podrá encontrarse que el oponente principal del Olympique fue el equipo que le disputó el cetro local en aquel momento, y dentro de todos ellos se destaca el Saint-Étienne, con quien comparte el primer lugar en el podio de títulos de liga.

Quizá por esa falta de rivalidades fue que, tras la fundación del París Saint-Germain en 1970, los medios franceses buscaron crear un nuevo clásico. Fue así como este enfrentamiento, que directamente fue bautizado como “El clásico” (Le Classique, en francés), empezó a tomar relevancia a pesar de que el PSG no cobró importancia hasta este nuevo milenio, cuando de a poco empezó a acomodarse en las tablas de ganadores de todas las competencias nacionales.

El Olympique campeón de Europa en 1993. Foto: These Football Times.

El condimento de la rivalidad, entonces, tuvo una causa económica y para ello no se recurrió a lo deportivo, por supuesto, sino a lo sociocultural. La idea de enfrentar al máximo exponente del fútbol francés con una institución poco laureada, que además invertía las condiciones dadas en el resto de los ámbitos. En el contexto del fútbol, Marsella pasaba a ser la poderosa y no así París.

Playas y puerto. Edificios emblemáticos. Diversidad cultural e integración. Historia. Cosas que describen a Marsella, una ciudad que posee brillo propio más allá de los típicos flashes que siempre iluminan a París, ciudad con la que puede decir que comparte un lugar en las marquesinas más destacadas de Francia.

Imagen destacada: Erasmusu.


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