La revolución de LAS GIGANTES

FRANCIA 2019
Diario Post Mundial

Una nueva etapa empieza a partir de la presente generación de futbolistas argentinas: ya se las ve, ya se las escucha y ahora es tiempo de apoyarlas y contenerlas para que puedan seguir creciendo. Repasemos brevemente cómo fue el camino albiceleste desde la Copa América “Chile 2018” hasta la épica hazaña ante Escocia en el mundial “Francia 2019”.

“Selección Argentina Mayor de Fútbol Femenino”. (@PicanEnPunta)

Cassandra Clare dijo: “Los héroes no son siempre los que ganan, a veces son los que pierden, pero siguen luchando y siguen aguantando. No se rinden y eso es lo que los convierte en héroes.”
Leer esta frase de la escritora iraní, me refiere a pensar en muchos nombres, mujeres y hombres que, desde su lugar y con sus herramientas, han realizado actos que, en mayor o menor medida, cambiaron algo y con ese algo, también cambiaron al mundo.
Las hazañas, los objetivos alcanzados, esos momentos determinantes de los cuales no salimos siendo las mismas personas, no siempre son apreciados en el mismo instante en que suceden, sino que el tiempo les da, a cada uno, sus justas medidas y dimensiones: todo pasa por algo, dicen por ahí y cada día compruebo que es cierto, que nada sucede por el simple hecho de suceder ya que lo hacemos repercute en otro ser o en muchos de ellos. Esto pasó y pasa con la selección argentina de fútbol femenino que jugó el mundial de Francia.
Algunos dirán: “pero es fútbol, el mundo no cambia por un partido de fútbol”. Quizás el mundo de todos no, pero el universo de miles sí que cambia y para las jugadoras que estuvieron en tierras galas, para sus familias, para otras niñas que se imaginan haciendo lo que ellas hicieron, para mujeres que las vieron defender esa camiseta y no pueden dormir a la noche pensando en si tendrán la oportunidad de hacer lo mismo porque llevan años soñando con poder jugar profesionalmente en un país que no las considera aptas porque “el fútbol es cosa de hombres”. Para tanta gente cambió tanto con un partido de fútbol, ¡ni hablemos de tres!

“Estefanía Banini (arriba) celebra junto a Belén Potassa”. (@Argentina)

Argentina es un país hermoso: con sitios soñados, una de las siete maravillas naturales del mundo y todos los climas y relieves que puedas desear: hay mar, montañas, campos, bosques, ríos, sierras, calor, frío, nieve; no nos falta nada. Ahora que, socialmente, estamos lejos de entender y desconstruir muchas cuestiones: los argentinos, incluso los más empoderados, seguimos hundidos en una mentalidad retrógrada de la que un grupo masivo y mayoritario está tratando de salir. El feminismo, tomado como una lucha por la igualdad y el respeto, genera revoluciones en el mundo y en nuestro país no somos excepción: en varias materias estamos adelantados y las mujeres, como movimiento popular que busca adquirir derechos para mejorar nuestra vida y la toma de decisiones sobre la misma, partimos de un lugar social ínfimo, desvalorizado y desde el cual somos objeto de los designios que el hombre, el género dominante, tome sobre nosotras. El fútbol es una clara muestra de esta desigualdad, de esa dependencia obligada que estamos tratando de romper, de quebrar para así ser nosotras quienes digamos cómo, cuándo, dónde y por qué.
“El fútbol femenino no vende”, “las mujeres no saben jugar al fútbol”, “nadie quiere ir a ver un partido de fútbol femenino”; estas y otras afirmaciones similares han sido desmentidas una a una, letra por letra. Y, si bien la revolución de los botines la iniciaron “Las Pioneras” por la década del setenta, la actual generación de jugadoras de fútbol de Argentina recogió el guante y desde hace algunos años decidió cambiar su destino.

“Florencia Bonsegundo”. (@Argentina)

Hemos hablado reiteradamente de todo lo que la Selección Argentina debió tolerar para poder jugar y no parece ser el momento propicio para mencionarlo nuevamente porque sería hacer hincapié en tópicos que, esta vez, no sumarían al relato. Claro que es insoslayable tener todo en cuenta, si no la narrativa pierde el hilo profundo, el núcleo mismo del asunto a tratar y este es encontrar una posible repuesta a la siguiente pregunta: ¿por qué lo sucedido en Francia es histórico?
Antes de intentar responder es básico que nos olvidemos de los parámetros de la rama masculina de la disciplina, aquí no se pueden aplicar porque el mundo de los hombres que juegan al fútbol dista desproporcionadamente del de las mujeres. Según el universo machista: el hombre nace y es de la pelota. La mujer nace y es de los hijos que tendrá y de la cocina que usará. No, saquemos esto de la cabeza y pongamos los pies en la realidad de ellas. En Argentina la visibilidad de las futbolistas se empezó a generar por abril de 2018 cuando la selección nacional salió a disputar el primer partido de la Copa América de Chile y posaron para la foto principal con una mano en la oreja: querían ser escuchadas porque no estaban siendo tratadas como deberían; no tenían predio para entrenar, indumentaria acorde, no se le abonaban los viáticos y venían de pagarse sus propios hospedajes cuando de esto tenía que ocuparse AFA que para algo es la Asociación de Fútbol Argentino. El partido se jugó, la Copa América siguió su curso y ese partido que cambiaría tantas cosas se iba acercando. Las chicas albicelestes quedaron terceras en la competencia. Y después dicen que el tercer puesto no importa, que nadie lo quiere. Bueno, con ese podio, Argentina accedió a jugar el repechaje para conseguir su plaza en el mundial. Si quieren pensar en el masculino, ¡imaginen esa situación! Que Lionel Messi, Sergio Agüero, Nicolás Otamendi y compañía no hubieran tenido tiempo ni espacio para entrenarse. No, no se puede imaginar algo así porque para los hombres es impensable. Ni hablar de un tercer puesto en Copa América, ¿a quién le importa? A ellas les importó y a ese público que siempre las seguía, compuesto mayormente por familia y amigos, junto a un grupito reducido de medios independientes en serio que hacían lo que podían para cubrir la actividad.
De repente empezaba a sonar un rumor: había una selección nacional femenina que amenazaba con hacer una huelga, que había jugado en Chile y que quizás podía ir a un mundial después de doce años de ausencia. La gente se empezó a hacer eco y a través de las redes sociales, la realidad por la que transitaban las chicas se iba conociendo en su medida y cruda verdad: no les daban nada y les pedían todo.
El presidente de AFA, luego de no dar demasiada importancia en los primeros tiempos de su mandato, no tuvo más alternativa que escuchar al plantel y a la gente que comenzaba a reclamar que diera al seleccionado lo que correspondía. Claudio Tapia, entonces, ya sea por compromiso o porque verdaderamente comprendió el error y buscó subsanarlo, se acopló al trabajo de los demás y comenzó a hacer el suyo: Argentina tenía predio, ropa, hospedaje, se organizaron cotejos preparatorios y se habilitó el Estadio Julio Humberto Grondona para que el partido de ida por el repechaje se jugara en una cancha de Primera División y con público. Las entradas se agotaron en dos horas y el día del compromiso, el seleccionado nacional pasó de salir con una mano en la oreja para protestar, a pisar el verde césped con un estadio colmado que vitoreaba su afecto y su apoyo: el público respondió y ellas no defraudaron, ganaron 4 a 0 y el encuentro de vuelta que se jugaba en Panamá, que era el equipo rival, terminó 1 a 1, clasificando a nuestras jugadoras al mundial francés por un global de 5 a 1.

Carlos Borrello, entrenador del combinado celeste y blanco, junto a su cuerpo técnico, entonces, planificaron los trabajos necesarios para llegar a la cita de la mejor manera posible. Argentina realizó una gira por Estados Unidos y participó en el “Torneo 4 Naciones” en Australia, para poder tener roce internacional con otras escuadras que también fueran a estar en el mundial. En el transcurso de los meses, mientras ellas se preparaban, el público de siempre junto con los que se iban sumando, estaban a la expectativa, contando los días para que la Copa del Mundo arrancara. Los medios masivos también fueron tomando nota y esos que se habían cansado de decir que el fútbol no era para mujeres, se encontraban con una realidad que los obligaba a callarse la boca y entender que las cosas navegaban hacia un rumbo diferente.

“Argentina ganó el repechaje”. (ESPN)

El 10 de junio, por fin, Argentina salía al campo de “El Parque de Los Príncipes” de París para enfrentarse a Japón que era campeón y subcampeón de los dos mundiales previos: una potencia global frente a un equipo que no había logrado sumar ni siquiera doce meses de preparación. Todas las balanzas se inclinaban hacia el lado nipón, lógicamente, pero había 23 jugadoras que no se mezclaban con esa marea, eran 23 que sentían muy dentro de sus corazones que tenían herramientas para dar batalla.
El planteo de Borrello fue inteligente y la ejecución de las chicas fue excepcional: sabiendo de sus limitaciones, utilizaron todos los recursos disponibles para anular las virtudes rivales y lo consiguieron durante todo el encuentro. Al finalizar el duelo, que culminó sin goles, Japón se lamentaba y Argentina celebraba, pero no festejaba por un empate, sino por lo que esa paridad significaba: el primer punto que una selección argentina de fútbol femenino sumaba en un mundial. Cada pase, cada corrida, cada marca personal, cada pelota parada, todo había tenido un sentido y, por supuesto que ellas querían ganarlo; estas 23 futbolistas quieren ganar siempre, quieren ganar todo, pero son conscientes que hay proceso para lograrlo y que antes de llegar hasta allí, se debe caminar un trecho. Este empate era parte de ese tramo, por eso la celebración, la felicidad y la euforia: habían hecho historia y con ese partido de fútbol, sus mundos se modificaron. Mas la metamorfosis no quedó ahí, ese fue solamente un paso hacia adelante.
Unos días después tocó jugar ante Inglaterra y aunque la estrategia estuvo bien diagramada, las inglesas lograron perforar la muralla argentina y ganaron 1 a 0. Las nuestras, sin embargo, no acusaron el golpe y se prepararon para el último cotejo de fase de grupos: si le ganaban a Escocia clasificaban a 8vos de final, si empataban dependían de otros resultados y si perdían se despedían de Francia.
Durante los minutos iniciales del duelo contra las escocesas, Argentina intentó jugar de igual a igual y pudo haberse puesto en ventaja, pero el travesaño dijo que no. Es fue el primer punto de inflexión del encuentro ya que Escocia se despertó y unos minutos después se puso en ventaja. Al finalizar el segmento de apertura, las europeas ganaban 1 a 0 y las sudamericanas, aunque cabizbajas, no perdían el temple combativo. El arranque de la segunda parte fue otro cachetazo para las argentinas que sufrían el segundo y tercer gol en contra, pero lejos de derrumbarse, fueron a buscar el descuento. Entonces llegó el siguiente punto de inflexión: Escocia se perdió el cuarto tanto y Argentina descontó por intermedio de Milagros Menéndez. Faltaban dieciséis minutos para el cierre del partido y las que estaban 1-3 abajo sintieron que nada se podía dar por perdido. Florencia Bonsegundo, cinco minutos después, ponía el 2-3 y las argentinas parecían renacer de entre las cenizas y aprovechando el envión anímico, embistieron el arco rival. Los segundos pasaban, el empate no llegaba y ya con la suerte echada, una defensora se calzó la camiseta de delantera y arremetió contra el área rival, consiguiendo un penal a favor: Aldana Cometti, marcadora central argentina, fue a disputar un balón al borde del área chica de Escocia y la derribaron. El tiempo regular estaba cumplido y se adicionaron cinco minutos. Bonsegundo tomó el balón, lo acomodó en el punto de los doce pasos y disparó al medio, permitiendo que la arquera Lee Alexander contuviera, pero como un guiño del azar, se sancionó adelantamiento de la guardameta y el penal tenía que ser ejecutado nuevamente: esta vez Florencia no falló y estampó la pelota en la red: celebración eufórica y emocionada. Escocia con el empate quedaba eliminada del mundial y Argentina dependía de dos resultados para seguir en carrera; es decir que ambas escuadras necesitaban ganar, pero no pudieron volver a marcar.

“La Copa América de Chile fue un antes y un después”. (@CAFemChile2018)

El final del partido fue triste para las europeas que encontraron en sus rivales de ocasión, consuelo y comprensión. Las nuestras, con un sabor agridulce, sabían que lo hecho en este cotejo era épico, pero que no alcanzaba: necesitaban de dos empates en otros grupos para quedar dentro de los mejores terceros y acceder a 8vos.
Esto no sucedió y las chicas tuvieron que decir: “ar revoir”. El mundial estaba perdido, pero el partido más importante lo estaban ganando por goleada y ellas ni se habían dado cuenta.
Desde el 0 a 0 con Japón muchos mundos habían mutado y para bien, para mejorar, para progresar y crecer.

Es mentira que un partido de fútbol no cambia el mundo, así como es mentira que el fútbol no es para mujeres. Nadie puede decretar caprichosamente qué o quién va a cambiar nada y nadie tiene el derecho o la potestad de decirle a otro si puede o no practicar un deporte, alguna de las artes, una disciplina, o si debe estudiar o trabajar de una u otra cosa; nadie posee una verdad absoluta y cada uno debería tener la libertad de soñar y buscar, con ilusiones e ímpetu propios, la forma de cumplir sus sueños.

Dijo el mago y escritor ocultista francés Eliphas Lévi: “No hay héroe en la soledad; los actos sublimes están determinados siempre por el entusiasmo de muchos”. Y esta frase me refiere a ellas, a esas 23 GIGANTES que, con su corazón, su garra, su empuje, su compromiso y su sacrificio nos representaron a muchas y muchos. Fueron 23 futbolistas que con su entrega total cambiaron algo y cambiando ese algo, CAMBIARON AL MUNDO.

FOTO DESTACADA: “Selección Argentina en Copa América 2018”
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@Argentina
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@CAFemChile2018


Maru Burak

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Nací un lluvioso lunes 12 de julio de 1982 y según mi DNI me llamo María Clarisa Burak, pero soy simplemente Maru. En 2005 dejé mi natal Provincia de Buenos Aires y me vine a Córdoba, donde resido desde entonces. Por hobbie hago música, canto e intento bailar, pero mi vocación es, fue y siempre será el periodismo. Me sumé a "El Rincón del Fútbol" en febrero de 2017 y espero mantenerme acá mucho, pero mucho tiempo: no es usual encontrarse a una manga de loquitos igual de fanáticos que yo. Aunque todos los deportes me atraen, el fútbol tiene ese no se qué, ese encanto que me aprisiona. En El Rincón cubro mayormente a la Selección Argentina Femenina y al fútbol femenino de España, con la idea de ir sumando ligas y equipos a la cobertura. También doy una mano con otros torneos donde juegan ELLOS, porque los hombres también juegan al fútbol... ¿NO? Deseo que el futuro me encuentre dedicada a mi vocación y que pueda desarrollarla con criterio y profesionalismo. Soy MESSIsta, BANINIsta, fan de Aldana Cometti, soñadora e ideologista, del deporte y de la vida. Sólo resta decir... ¡Pero qué viva el fútbol!

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