La Copa Sudamericana aterrizó en las inmediaciones del Estadio Pedro Bidegain con una promesa de choque de estilos: el despliegue físico y combativo del Deportivo Riestra frente a la mística copera del Gremio de Porto Alegre. Sin embargo, lo que se preveía como una batalla de resistencia terminó siendo un monólogo de jerarquía brasileña que dejó al “Malevo” con las manos vacías.
El peso de la experiencia
Desde el arranque, Gremio tomó la batuta. Con una circulación de pelota lenta pero asfixiante, el conjunto gaúcho obligó a Riestra a replegarse cerca de su arco. El equipo de Guillermo Duró intentó cortar el juego con su sello característico, apostando a las pelotas divididas y el roce constante, pero la precisión técnica de los visitantes desactivaba cada intento de contraataque local.
La resistencia del Malevo se quebró a los 30 minutos. Tras una desatención en el área, el árbitro no dudó en marcar penal. Carlos Vinícius, que venía de una racha negra tras fallar tres penales consecutivos en la semana previa, asumió la responsabilidad. Con un remate seco que engañó a Arce, el delantero no solo puso el 1-0, sino que se sacó una mochila pesada, celebrando con un desahogo que marcó el pulso del partido.
El quiebre definitivo
En el segundo tiempo, Riestra adelantó sus líneas con más ímpetu que ideas claras. Esa ambición fue su condena. A los 59 minutos, en una transición rápida que desnudó los espacios en el fondo local, el belga Francis Amuzu recibió una asistencia quirúrgica de Cristian Pavón. Con una definición que silenció a la parcialidad local, el 2-0 empezó a transformar la esperanza en resignación.
Gremio, lejos de conformarse, manejó los tiempos con la suficiencia de quien se sabe superior. El ingreso del juvenil Gabriel Mec le dio frescura al ataque, y fue justamente él quien habilitó a los 73 minutos a Martin Braithwaite. El danés, con la frialdad que lo caracteriza, sentenció el 3-0 definitivo.
Con este resultado, el Grupo F queda al rojo vivo. Gremio mira a todos desde arriba con 7 puntos, mientras que Riestra ahora depende de un milagro en las últimas dos fechas para soñar con los octavos de final.

