De la bronca al delirio en apenas 15 minutos. San Martín de Tucumán protagonizó una remontada inolvidable frente a Midland: perdía 2-0, reaccionó en el tramo final y terminó festejando un agónico 3-2 que le permite seguir soñando con meterse en el Reducido de la Primera Nacional.
El panorama era oscuro para el equipo de Darío Orfila. Después de una primera mitad pareja, Isaías Andrada aprovechó una desatención defensiva a los 30 minutos para adelantar a la visita.
En el complemento, el Santo no encontró respuestas y, a los 11 minutos, Genaro Cepeda capitalizó una floja salida de Darío Sand tras un córner para estirar la diferencia. La Ciudadela era pura impotencia y el equipo parecía no encontrar el camino.
Pero cuando todo indicaba que la derrota era inevitable, apareció el corazón ciruja. A los 32 minutos, el Caco García sacó un zurdazo tremendo desde afuera del área y encendió la ilusión con el descuento.
Ocho minutos más tarde, Bruno Cabrera ganó protagonismo y, después de un tiro de esquina, marcó el 2-2 que hizo explotar las tribunas. Los insultos quedaron atrás y el aliento volvió a hacerse sentir.
Y todavía faltaba lo mejor. Cuando el reloj marcaba los 47 minutos, nuevamente Cabrera apareció para empujar al Santo hacia la gloria y sellar una victoria tan agónica como inolvidable.
San Martín pasó de la desesperación a la euforia, rescató tres puntos fundamentales y mantiene viva la ilusión de pelear por el segundo ascenso. En La Ciudadela, cuando parecía que todo estaba perdido, el Santo demostró que nunca hay que darlo por muerto.
Informe: Ariel Ledesma

