Columnas

El Ángel del 28

La historia nace un 28 de septiembre de 1918, 100 años atrás, y cuenta que un matrimonio tano, de esos de antes, de puro tuco, traía al mundo a un Ángel. Traían al mundo al Ángel del 28, el inspirador de miles de travesías y la unión con unos colores.

Don Angelo -un señor que tenía una relojería en barrio Parque- y su esposa, Doña Amelia Cavatorta, fueron los padres de Ángel Amadeo, un chico que a los 8 años fue asociado por su padre al club de sus amores. No lo hizo por el fanatismo que tenía por el club, tampoco imaginaba en ese momento que su hijo sería el símbolo, el emblema, el ídolo y la inspiración de esa institución. Lo hizo porque no le gustaba que su hijo jugará en la calle. Esos tanos de antes.

A los 10 años lo anotaron en gimnasia. En una de las tantas visitas al club, se hizo con un autógrafo de la estrella del momento, de su ídolo. De esa persona que él veía inalcanzable. “Al futuro crack en ciernes. Bernabé Ferreyra” juran que rezaba ese papiro que el exhibía orgulloso en el vidrio de la relojería en la que ayudaba a Don Angelo.

Un día de 1932, un señor de apellido Aragón Cabrera le ofreció formar parte de la Sexta División, siguiendo un proceso que lo llevó hasta la Cuarta División matutina. Ahí, El Ángel tuvo que tomar una de sus primeras decisiones: seguir jugando al básquet en la división cadetes del club, o firmar contrato futbolístico. La N° 5 o la naranja. La decisión quedó plasmada en el Libro 1, Folio 468, renglón 7014. Se detalla que ganaría $25 por partido jugado.

Porque todo tiene un motivo, todo tiene una casualidad. O tal vez una causalidad. El debut en Primera División fue contra Jorge Newbery de Rufino en un partido amistoso, anotando 3 de los 8 goles del club que ese día festejaba un nuevo aniversario de su fundación.

Dos años más tarde, luego de que la Comisión Directiva ponga una sanción a un tal Moreno, el plantel de Primera División inició una huelga en descontento con la medida tomada hacia la actual figura del equipo. Había que jugar contra Estudiantes de La Plata, y aparecieron en escena “los guerrilleros”, unos chicos del club entre los que sobresalía El Ángel.

Se hizo muy difícil que volviera a salir del equipo titular. Al principio, lo hacían alternar pero, una vez que se consolidó, obligó a Renato Cesarini a que corriera a José Manuel Moreno a un costado para darle la estelaridad a Él.

Fue en el año 1939 que metió su primer gol. Fue a Atlanta, un 15 de octubre. En ese torneo disputó 10 partidos y metió 8 goles a 6 equipos diferentes, incluido uno a Boca Juniors.

En 1940 ya se consolidó como titular y jugó un total de 26 encuentros, marcando la suma de 14 goles.

En el siguiente año, 1941, se daría el gusto y cumpliría el sueño de salir campeón por primera vez con SU club. Así quedó demostrado cómo eran las cosas: Él era del club, y el club era de Él.

Tuvo que disputar 29 partidos y contribuir con 11 goles para que el éxito fuera posible. Incluso uno que, cuando dejo de figurar carnalmente en este mundo, él no veía en los registros. A Estudiantes de La Plata. Una revisión del Centro Histórico de Fútbol le otorgó a Él un gol que, en principio, le habían dado al defensor Domínguez en contra. Ese es el famoso gol 293 con el que empata como máximo goleador de la Liga Argentina a Arsenio Erico, delantero contemporáneo que militaba en Independiente.

En el año 1942 volvió a repetir el éxito de salir campeón siendo el emblema. Disputó 28 partidos y convirtió 15 goles, tan sólo uno de penal.

Ya en esa época empezaba a formarse lo que sería una marca indeleble en el fútbol argentino, sean hinchas del equipo que sea. Borocotó, por entonces periodista de El Gráfico, los bautizó como “La Máquina” después de un aplastante 6-2 a Chacarita. Para el que no recuerda quiénes formaron “La Máquina”, sale de memoria: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.

El año 1943 trajo la novedad de que El Ángel se convertiría en máximo goleador del torneo doméstico por primera vez, anotando la nada despreciable suma de 23 goles en 23 partidos jugados. Un promedio de gol altísimo. Los repartió entre 15 equipos rivales, anotando dos veces hat- trick.

Se presentaba el año 1944 y Angelito ya superaba sus propias marcas, anotando la suma de 25 goles en 14 encuentros. Incluso llegó a convertir un “póker” de goles, marcándoselos a Racing Club, por la octava fecha del torneo. Lamentablemente, la destacable tarea de Atilio Mellone convirtiendo 26 goles jugando para Huracán lo dejó en el segundo puesto del podio de goleadores.

Al llegar al año 1945, volvería a repetir marcas, esta vez quedándose como máximo goleador del torneo, teniendo la particularidad de que fue el torneo en que más penales ejecutó. La suma es de 4 penales convertidos. Los datos fríos nos arrojan 25 goles a 18 equipos en 29 partidos, el año que más veces lució la Banda.

Fue tan grande el aporte que hizo con sus goles que repetiría un nuevo campeonato obtenido.

El año 1946 vería una merma en su capacidad goleadora, ya que anotó la suma de 15 goles en 27 cotejos, incluyendo otro póker esta vez a Atlanta. Ese año vería la vuelta de Moreno al equipo, haciendo que su máquina adeude un jugador para completarla nuevamente.

El año 1947 lo vería nuevamente dando una vuelta olímpica con su club, con ese amor incondicional que llevaban. Aún cuando se fue a Atlanta un tal Pedernera, uno de los cinco socios que tuvo el Ángel en este envío divino.

Aunque sumaría un socio que lo acompañaría durante un largo trayecto. Un tal Di Stéfano.

El aporte para esa vuelta olímpica contó con 16 goles en 18 partidos.

El año 1948 fue atípico, debido a la huelga de futbolistas, aunque eso no le impidió meter 16 goles en 22 encuentros.

En el año 1949 seguían pasando los nombres y él seguía estando ahí, firme, capitaneando su buque. Fue un año en el cual muchos jugadores argentinos comenzaron un éxodo, mayormente a Colombia e Italia. Él decidió quedarse y luego diría:

“Para la plata siempre fui medio estúpido. Estuve toda la vida en River pero me podría haber ido a Colombia en el 50′ o a Italia en el 54′ cuando me ofrecieron dos millones de pesos, pero no me decidí”.

En ese torneo, metió 18 goles en 32 partidos, incluso 2 goles a Platense en el partido desempate por el segundo puesto.

En el año 1950, Angelito seguiría siendo garantía de goles, aún cuando seguían llegando jugadores, él era inamovible. Los registros dan un total de 20 goles en 33 partidos, convirtiendo sólo uno de penal.

En 1951 se produjo uno de los registros más bajos de goles del Ángel. Fueron 12 goles en 29 partidos.

El año 1952 volvió a ser un año de laureles, con Angelito como líder futbolístico, el cual contribuyó con 11 tantos en 22 cotejos, con un promedio de 0,50 por partido.

En 1953 volvería a repetir el bicampeonato, formando una nueva sociedad con Eliseo Prado,Vernazza, Walter Gómez y su socio inseparable, Loustau. Fueron convertidos 16 goles en 28 encuentros.

Ya en 1954 comenzaría la merma goleadora, aunque ello no intervino en que sea una fija en la delantera. Convirtió tan sólo 8 goles en 22 partidos.

En 1955 se produjo un pequeño reencuentro con otro que conformó La Máquina. Fue el regreso de Sívori al club, lo que ayudó a que Angelito volviera a coronarse con su club. Muchos pasaban, se iban y volvían, pero él siempre se quedaba en su casa, en su templo, en su Monumental.


En ese mismo año, se convertiría en el jugador mejor pago del fútbol argentino. A los 36 años y con 252 goles ya convertidos, cobraría 300.000.000 por año entre sueldo, prima y premios.

En ese torneo de campeonar logró 10 goles en 25 partidos.

En el año 1956 volvería a dar una vuelta olímpica, en la que convirtió 9 goles en 22 partidos.

En 1957 ganaría su primer tricampeonato con la Banda y, sin saberlo, como si el destino supiera de quién se trataba, comenzaría una racha adversa para el club, que solamente aquel que fue dueño de la casa sabía cómo cortar, pero ese tema será tratado más adelante.

El Ángel ya tenía las alas arrugadas, ya estaba grande pero mientras más grande, más amaba su lugar en el mundo. Firmó la planilla en 29 partidos y convirtió 13 goles para gritar campeón nuevamente.

En ese año se cumplirían las bodas de plata del Feo en su casa. Con ese motivo, le festejaron un partido homenaje contra Peñarol, al que asistieron todos los integrantes de La Máquina. Fue un 19 de septiembre y el partido terminó 1 a 0.

El año 1958 sería el último en el que convirtiera goles oficiales: 9 en 19 partidos, con dos tripletes, uno a Estudiantes De la Plata y otro a Central.

En el año 1959, le llegaría un telegrama que decía lo siguiente:

“Queda en libertad de acción. Colaciónese”.

Efectivamente, lo habían echado de su casa. Nadie se quiso hacer cargo. Fuentes de la época decían que era porque no entraba en el famoso fútbol espectáculo que el presidente del Millonario quería pregonar, con figuras españolas y brasileras.

Se iba ese Ángel que había adornado su casa con 9 títulos de liga y había echo sonar la canción de gol en 293 oportunidades.

Más tarde, Angelito no quiso mandar al frente a nadie. Siendo consultado por su salida, declararía:

“Yo de River no me fui, me dijeron que me tenía que ir. Las explicaciones que me dieron siempre fueron muy confusas. Hoy no sé si me echaron los dirigentes o me sacaron por orden de otra persona”.

Llegaría el turno de ser entrenador, muchos años después de su polémica salida.

Tuvo un primer intento en 1968, frustrante, que no pudo plasmar lo que él quería ni conseguir lo que él sabía. A pesar de realizar excelentes campañas, el título era esquivo y él más que nadie sabía de las obligaciones, entonces decidió irse.

Al año siguiente perdería a su angelito, el ángel Daniel, hecho que para él -y para cualquiera que sea padre- era un golpe difícil de reponerse.

Después de demostrar quién era y de dejar una huella por donde pasaba, al Ángel lo volvían a llamar de su cielo, de su Edén, de su casa. Fue en el año 1975. 18 años atrás, como si fuera un maleficio, como si él conociera su futuro, daba la vuelta como jugador. Después de ahí,en ese Monumental no se volvió a vivir una alegría.


La llave de la felicidad la tenía él, se la había llevado y la volvió a traer. Y con jugadores notables cortó la maldición de los 18 años de sequía, ganando los dos torneos de ese año. En total, conseguiría 6 títulos. Hasta el año 1981 que le ofrecieron ser el manager del club. El Ángel volvió a abrir sus alas y le dejó su lugar a quien fuera su ladero de proezas, Alfredo Di Stéfano.

Un capítulo aparte merece su historial contra los primos. Tenía un título reconocido por el público, un récord que hasta hoy, tanto tiempo después de la última vez que pisó el verde césped, nadie logró sacarle: ser el máximo anotador de los superclásicos. Además de que cada vez que él jugó contra Boca Juniors y convirtió, no se fue derrotado.

Al Ángel lo mandaron a llamar un 19 de septiembre de 1983, mientras se encontraba rehabilitándose en una clínica por una operación. Tenía 65 años y el reloj marcaba las 18:15 cuando se desplomó y cayó en los brazos de Ubaldo Fillol, quien había ido a verlo. Falleció en los brazos de un arquero, de esos a los que amargaba cada domingo, en la cancha que fuera.Vaya paradoja de la vida.

¿Por qué se celebra el 28 de cada año el Día Internacional del Hincha de River Plate? Quizás porque él fue quien mejor los identificó. Porque ser hincha de River para él era una declaración de principios. Porque lo demostrado como jugador, como técnico y como hincha sirvió para iconizarlo, para endiosarlo. Para llevarlo como estandarte, como bandera.

Fue él quien siendo técnico de Rosario Central, en un partido en el que le estaban pegando un baile bárbaro a River, lo vio fatigado a Norberto Alonso y, sin ningún tipo de vergüenza, le gritó: “Dale nene, que esa camiseta que vos tenés yo la transpiré 20 años”.

O un día, en un entrenamiento de Racing, que le informaron que Fillol se ausentaría por una reunión con River. Cuando lo vio entrar al predio lo encaró y le preguntó por ésta. Fillol respondería que él se quería quedar ahí. “Haga lo que quiera pero, si usted no va y firma con River, yo mañana lo re cago a trompadas”.

Fue él quien dijo que a Ramón Díaz había que llevarlo de a poco, ya que él sería el sucesor de Labruna. Pavada de elogio.

Consultado por dirigir la Selección, Ángel afirmaba que no lo desesperaba dirigirla porque, para él, la Selección era River.

“River no es la mitad más uno, es el país menos algunos”.

También dejó una frase en la que podemos medir su amor:

“Cuando me fui de River, llegué a creer que se terminaba el mundo. Si hasta me quise pegar un tiro. Anduve como un loco toda la noche. No podía dormir. Salí a dar vueltas y vueltas. No quería volver a casa. Después vino Talleres y seguía pensando en River”.
Sobre su Ángel personal, afirmaría:

“Hablo con Daniel en todos mis momentos difíciles, incluso a veces durante los partidos. Al cementerio no voy, va mi mujer una vez por semana”.
“Tenía Lupus. Empezó con un tobillo, después le pasó a la rodilla. En el último partido que jugó le gritó un gol a la tribuna de Boca. Era calidad pura, iba a ser un fenómeno. ¿Saben quién era suplente de él en la Tercera? El Negro Jota Jota”.
Sobre el culpable de su amor eterno, confesaría:

“Mi viejo era uno de esos tanos de antes. Todo por y para los hijos. Pero se ponía furioso cuando íbamos a la calle. Me ponía en penitencia, cada reto me ha dado… Por eso, a los ocho años, me hizo socio de River. Imaginan si hubiera nacido cerca de Vuelta de Rocha…”

Sobre su rivalidad con los de la Ribera, bastan dos declaraciones y una foto:

“Boca es un equipo preparado para ganar pero no para dar espectáculo. Por eso los jugadores que yo elijo nunca andarían en Boca”.

“Si yo dirigiera a Boca, me iría al descenso, pierdo todos los partidos. Con esa clase de jugadores yo no puedo jugar al ataque como lo hago con River, porque están preparados para otra cosa. Yo quiero atacar con cinco o seis hombres, ganar los partidos 5 a 4. A Boca, en cambio, le alcanza con el 1 a 0”.

Cada día que pasa sobrevuela el aura del Ángel por el verde césped, por su cielo, su edén; se para frente a un arco y patea su pelota imaginaria, ésa que sólo se ve en su casa.

Hoy en día los espera ahí, plantado en la puerta, haciendo lo que mejor sabe: invitandolos a entrar.

Axel Carrizo

Mi Nombre, Axel Carrizo, apellido de arquero y de 5 rústico.Llegue al Rincón, de casualidad, de

paracaídas, y al tiempito empecé a comentar, a debatir,teniendo grandes debates con el archi enemigo

más poderoso,sin desmerecer a ninguno de mis compañeros.De a poco me fueron haciendo un

lugar,entrando en confianza,hasta qe nos integramos,y pude conocer mejor a la gente que forma parte de

esta enfermedad. Soy de los que piensan qe es mejor el disfrutar el como llegar, y si no se llega, haber

disfrutado el camino.La bocha siempre al diez y no hay mejor número para la quiniela que el 4-3- 1-2

Nacional y Provincia. Amante del buen juego,soy padre de 3 soles que me alegran la vida, además de

vigilador de profesión. Siempre se puede debatir,siempre es lindo generar un debate, exponer una

opinión, y ese va a ser mi lugar en este espacio,va a ser Mi Rincón De La Opinión. Vendría a ser como el

Latorre de este lugar,pero sacame el country y pone el conurbano como paisaje.Está es mi presentación,

La de un pibe de 25 años,familiero,enfermito de la pelota,que hoy,esta cumpliendo una meta, y es la de

llegar a quien me lee.Apellido de arquero,alma de goleador,la vida siempre es una contradicción. Abrazo

De Campeón

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3 Comments

  1. Mariana Godoy dice:

    Es brillante. ¡Felicitaciones y gracias por tanto!

  2. Diego González dice:

    Gran laburo de investigación Axel! felicitaciones!!

  3. Hernán Acquesta dice:

    Que laburo crack!!!!!!!! Espectacular!!!!!!! mis mas sinceras felicitaciones,la tenes re clara y sos un gran laburador,vamos por mas!!!

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