Y una vez la “Samp” tocó el cielo con las manos

El único “scudetto” llegó hace 29 años, con un equipo memorable que casi corona el cuento de hadas con la Copa de Europa.

Italia siempre ha sido tierra de divisiones y rencillas entre el norte industrializado y el sur campesino. Ese viejo prejuicio de considerar a la parte baja de la “bota” como el norte de África también tuvo su eco en el fútbol y los poderosos alguna vez se rindieron ante un tal Diego Armando Maradona.

Pero en ese estanque lleno de peces de colores que sugiere el poderoso norte italiano, también hay pequeños que viven opacados ante la sombra de los conocidos de siempre. La supremacía histórica ha sido patrimonio de Juventus, Inter, Milán y en menor medida de Torino, Bologna y Roma.

Hasta que un día apareció un ignoto equipo de la ciudad de Génova y tiró por la borda los preceptos conocidos. Sampdoria rompió contra todo pronóstico y se consagró campeón del “Calcio” en la temporada 1990/91, algo que no estaba en los planes de nadie.

Una squadra que jamás había quedado más allá del cuarto puesto se dio el gusto de ganarle la pulseada a los más poderosos y escribir su página más gloriosa en la Serie A.

Italia vivía la frustración de perder el Mundial que había organizado para ganar. La Argentina de Carlos Salvador Bilardo la dejó afuera en semifinales y se sintió el cimbronazo en la comunidad futbolera de la península.

Cuatro jugadores de la “Samp” habían formado parte de la “Nazionale” durante la Copa del Mundo. Gianluca Pagliuca y Roberto Mancini no jugaron un solo minuto. Pietro Vierchowood tuvo acción en el intrascendente duelo por el tercer puesto. Y Gianluca Vialli arrancó como titular pero se diluyó con el correr de los partidos sin siquiera haber marcado un gol … además de ser eclipsado por Salvatore Schillaci.

También era el auge de lo justo y necesario en materia de aporte foráneo. Los equipos de la Serie A solamente podían disponer de 3 jugadores extranjeros y estaba más que claro que competían los mejores. Así fue que se armó el Inter de los alemanes (Lothar Mattheus, Jürgen Klismann y Andreas Brehme), el Milán de los holandeses (Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco Van Basten) y el Napoli del “Pibe de Oro”. El medio local se vio potenciado por las estrellas que venían de afuera y la competencia era cada vez más feroz.

Por su parte, Sampdoria consideró a la ayuda extranjera como una parte de su andamiaje general. El yugoslavo (nacido en Eslovenia) Srecko Katanec , el soviético (oriundo de Ucrania) Alexei Mikhailichenko y el experimentado Toninho Cerezo (mundialista con el “Scratch” en Argentina 1978 y España 1982) se acoplaron a la estructura que ingenió el alma mater de todo esto: el entrenador serbio Vujadin Boskov.

Boskov vistió la camiseta de la “Samp” en la década del ´60 y 30 años más tarde se encargó de trazar el camino a la gloria para un equipo sólido y con mucha autoridad.

En la unidad de la squadra y esa mentalidad por superarse estaba la razón por la que había que considerar a Sampdoria como un potencial animador del torneo. Casi como algunos que descubrieron hace poco al Atalanta de Gian Piero Gasperini pero con otra receta un poco más simple: la efectividad (y por supuesto que el secreto está en tener buenos jugadores).

Así como Miguel Ángel dijo que en “La Piedad”, esa conmovedora obra de arte esculpida a fines del siglo XV, vio que la belleza ya estaba inmersa en ese bloque de mármol y que él “solamente sacó lo que sobraba”, Boskov hizo simple lo complejo y sacó agua de las piedras con lo que ya tenía.

Pagliuca se consagró bajo los 3 palos como el arquero que sería el futuro de la “Azzurra”. Dos centrales con presencia y aguerridos en la marca como Luca Pellegrini y Pietro Vierchowood (a ése último Gullit lo había apodado gentilmente como “El Carninero”). Por el lateral derecho la apuesta a la corrección de Moreno Mannini y del otro lado un Katanec devenido en funciones defensivas, pero con un juego aéreo admirable.

La mitad de la cancha tuvo alternancia en la faz defensiva porque las lesiones le jugaron una mala pasada al “viejito piola” de Toninho Cerezo (36 años por ese entonces) y fue Mikhailichenko quien lo suplió cuando el brasileño no estaba en su plenitud física. Giuseppe Dossena se animaba a atacar mientras que Giovanni Invernizzi era su rueda de auxilio. Atilio Lombardo fue el punto más alto en el medio campo con ese surco que solía hacer por la derecha, que casi siempre terminaba en gol o desborde para asistir a algún compañero.

Qué decir de la dupla atacante. Roberto Mancini y Gianluca Vialli se entendían a la perfección. Azeglio Vicini no vio en la “Nazionale” lo que Boskov sí depositó su plena confianza para la “Samp”: la química fue notable y entre ambos convirtieron 31 de los 57 tantos del equipo.

El dúo letal conformado por Vialli y Mancini (Foto: The Gentlemen Ultra)

La aventura arrancó el 9 de septiembre en el Luigi Ferraris con un éxito 1-0 sobre Cesena (tanto de Invernizzi). La moral comenzaba a elevarse con buenos resultados fuera de casa, nada menos que ante pesos pesados: empate sin goles con Juventus, victoria 1-0 sobre un Milán que estaba con la cabeza en Europa (gol de Cerezo) y goleada ante Napoli con Diego y todo (sendos dobletes de Vialli y Mancini). El freno se lo puso su vecino en el Derby della Lanterna. Genoa le quitó el invicto por 2-1 con un espectacular tiro libre del brasileño Branco.

La prueba de fuego llegó a fin del año 1990 con un buen triunfo 3-1 sobre Inter, que significó encender nuevamente la llama de la esperanza. Claro que el impensado regalo de Reyes trajo para enero de 1991 un par de caídas que apagaron el fuego de la ilusión: 1-2 con Torino en casa y 0-1 ante Lecce en el Vía del Mare.

Sampdoria no se desesperó y ganó 6 de los próximos partidos, incluido uno por la mínima sobre Juventus (Vialli de penal) como para darle el tiro de gracia a las pretensiones de título de la “Vecchia Signora”.

Volvió a cargarse a Milán (esta vez 2-0) y a Napoli (le encajó otro 4-1) y aprobó el duro examen frente a Roma en el Olímpico (1-0 por cortesía de Vierchowood). Pero la épica se logró un 5 de mayo de 1991, en un increíble partido que prácticamente sentenció el scudetto.

En San Siro, a Inter no le quedaba otra opción que la de ganar. Y la verdad que libró una batalla en la que atacó constantemente, a punto tal que Gianluca Pagliuca tuvo una actuación descomunal.

Un gol anulado a Klinsmann por una finísima posición adelantada y una expulsión por bando (Roberto Mancini y Giuseppe Bergomi), convirtieron al Meazza en un verdadero hervidero. Para colmo, ni de penal pudieron batir al arquero nacido en Bologna: Lothar Mattheus tuvo la chance desde los 12 pasos pero Pagliuca le ahogó el grito y de yapa le atajó hasta el rebote.

Giuseppe Dossena abrió la cuenta a la hora de partido con un derechazo desde afuera del área (Walter Zenga tardó un poco en reaccionar). Y Vialli le dio la estocada final a 14 minutos del epílogo, cuando lo primereó a Riccardo Ferri y desparramó a Zenga para tocar al gol con el arco vacío.

El por entonces arquero de la “Azzurra” no atajó una sola pelota mientras que Pagliuca conjuró 14 chances netas (pena máxima incluida). Hubo 24 disparos de Inter contra 6 de Sampdoria … hermoso homenaje al Argentina 1 Brasil 0 disputado 11 meses antes en Turín.

Luego vino un importante empate 1-1 con Torino en el Delle Alpi (gol de Invernizzi) y la consagración llegó el 19 de mayo, en el Luigi Ferraris. Goleada 3-0 sobre un Lecce que firmaba su descenso a la Serie B, con una exhibición en la primera media hora. Toninho Cerezo (2´), una terrible volea desde la quinta dimensión de Mannini (13´) y la frutilla del poste para el capocannoniere de Vialli (30 ´) coronaron una temporada de ensueño.

Pasada la euforia local, los genoveses quisieron extender la sorpresa más allá de las fronteras. La “Samp” tenía credenciales recientes como para demostrar que se trataba de un equipo copero: el bicampeonato de la Coppa Italia 1987/88 y 1988/89 le permitió jugar 2 finales continentales de la ya extinta Recopa Europea. Un sinsabor con Barcelona (0-2 en Berna) y una revancha con el título ante Anderlecht al año siguiente (2-0 en Gotemburgo).

Claro que jugar la Copa de Campeones de Europa significaba estar en las “ligas mayores” y los muchachos de Vujadin Boskov no podían dejar pasar la oportunidad de seguir escribiendo la historia grande. Cómo no ilusionarse con la hazaña de Nottingham Forest, que a finales de la década de 1970 se dio el gusto de coronarse en forma consecutiva y tener en su palmarés más trofeos continentales que títulos de liga.

El camino arrancó fácil con un lapidario 7-1 en el global sobre Rosenborg de Noruega. Sin embargo, el paso previo a la liguilla de semifinales tuvo un inesperado traspié ante el Honved húngaro en la ida (1-2) pero el 3-1 en Génova acomodó los pensamientos italianos.

Ocho equipos llegaron a la liguilla por el título, agrupados en 2 zonas de 4. Enfrentamientos a doble partido y el que sumaba más puntos de cada grupo se clasificaba para disputar la gran final, en el mítico estadio de Wembley. Sampdoria integró el Grupo A junto a Estrella Roja de Belgrado (vigente campeón), Anderlecht de Bélgica y Panathinaikos de Grecia.

La “Samp” conoció los 3 resultados en los primeros duelos: victoria 2-0 sobre los yugoslavos, igualdad sin goles ante los helenos y derrota 3-2 con los belgas. La segunda ronda tuvo la revancha ante Anderlecht (éxito 2-0) y el notable triunfo 3-1 sobre los serbios, que prácticamente aseguraba el pase a la inédita final. Solamente había que al menos empatar en la última jornada frente a los griegos y el 1-1 depositó a los genoveses en la gran definición.

Enfrente estaba ese viejo conocido, Barcelona, verdugo de su primera final continental 4 años antes. Los “Culés” se deshicieron de Benfica, Sparta Praga y Dinamo Kiev y también sacaron pasaporte hacia el título.

Una definición espectacular en la “Catedral del Fútbol”. Dos equipos que brindaron un espectáculo de ida y vuelta en el que se mantuvo el suspenso hasta 3 minutos antes de los penales. Iban 0-0 (tranquilamente pudo ser 3-3) y un tiro libre en la puerta del área italiana fue a pedir de Ronald Koeman. El neerlandés mostró su excelsa pegada y un misil suyo batió a Gianluca Pagliuca para darle a Barcelona su primera corona en la UEFA Champions League.

Ya partió el zapatazo de Koeman para el gol más gritado en la historia del “Barca” (Foto: Mundo Deportivo)

Dignísimo papel europeo de Sampdoria, como para cerrar un ciclo dorado que incluyó la mejor versión de su historia. Claro que todo lo bueno a veces conlleva un destino inesperado y en 1999 sufrió el drama del descenso.

Acostumbrada a naufragar en la mitad y la parte baja de la tabla en la actualidad, Sampdoria ya no volverá a ser lo que fue hace 29 años. Dueña de una hazaña doméstica que casi repica en toda Europa. El impensado invitado del norte jugó con la pasión que suele tener un sureño y le mostró a toda Italia que se puede ser feliz con poco.

Los años venideros trajeron la depresión y un baño de realidad para un equipo que no suele codearse con los más grandes. Momentos de zozobra que replantearon si aquello de hace casi 3 décadas fue real o sólo un sueño. Afortunadamente todavía se mira por el espejo retrovisor y se le eriza la piel a media ciudad que supo ser el centro del fútbol italiano. Y todo por un cuento de hadas, que vivirá en la memoria colectiva de la “Samp” feliz y para siempre.

(Foto Principal: Calcio Pedia)


Emiliano Schiavi

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Soy Emiliano Schiavi y siempre me interese por el fútbol internacional. Sin cable ni internet me las arreglaba leyendo el "Guerin Sportivo" o cualquier revista extranjera que solo se conseguía en algun kiosco del Centro. También me acompañaba algun VHS sobre la historia de los mundiales y nunca me cansaba de verlos. Por eso le preste atención al fútbol de Europa, Africa, Asia y - si estaba aburrido - Oceanía. Descubrí un medio maravilloso como la radio y conocí buena gente (grandes amigos) que me acercaron al Rincón del Fútbol en FB. La radio es una pasión, pero escribir es un deleite. Y todos los dias lo hago en este espacio de FB, donde investigo y me gusta informar y entretener. Mi mayor expectativa para este nuevo proyecto es seguir aprendiendo. Porque a los 45 años también se aprende, créanme. Tengo total libertad para expresarme, leer y ser leído. Porque nadie desafina cuando uno escribe lo que se le canta. Digamos todo ...

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