Una rosa llena de espinas

De la mano de Bielsa, Leeds se sacó la espina y volvió a la Premier después de 16 años. Para entender quiénes son los que volvieron hace falta repasar la historia de un pueblo futbolero, duro y, sobre todo, más loco que su entrenador.

Por Facundo Di Bona.

Leeds, el equipo de Marcelo Bielsa, consiguió el objetivo y logró ascender a Premier League. Seguramente la cereza del postre termine siendo el campeonato. Lo sabremos mañana por Brentford o el domingo si es que gana Leeds. Lo que es seguro es que la alegría volvió a un pueblo necesitado. Gracias al empate de West Bromwich, Leeds vuelve al lugar al que pertenece.

Leeds es un equipo clásico del fútbol inglés. Campeón local tres veces, también se coronó en F.A. Cup y Copa de la Liga. Sus últimos títulos, de la mano de Éric Cantona, fueron la Community Shield y Primera División de Inglaterra en 1992. El fútbol parecía odiar a ese club desde 2004, cuando descendió. Fueron 16 años de angustias. Llegó a bajar hasta tercera división y ni siquiera ahí había podido ser campeón. En el medio tuvo que vender su estadio por deudas. Lo pudieron recuperar a tiempo: el contrato establecía que tenían 10 años para volver a adquirirlo. Por sus deudas, hasta entraron voluntariamente en concurso de acreedores. Estuvieron al borde de quedar desafiliados de la Football League de Inglaterra. Terminaron con una penalización de 15 puntos en la tercera categoría.

Después de la última temporada, catastrófica por el desenlace de un equipo que parecía ser el mejor y terminó perdiendo el ascenso en los playoffs; pero necesaria porque fue parte de este camino que construyeron. En el medio Bielsa ordenó a sus jugadores ceder un gol porque habían convertido con un rival tirado en la mitad de la cancha. Al poco tiempo, Aston Villa, el rival de ese día, se terminó llevando ese tercer ascenso que quería Leeds. Hubo debate. Discusiones en torno a lo que hizo. Héroe o “vendehumo”, lo que hizo Bielsa ese día potencia aún más al personaje: a pesar de todo, siguió construyendo y consiguió el ascenso. Hoy la historia es otra. “In Bielsa we trust”, rezan las calles de Leeds. Todos allí se levantaron con una sonrisa.

Su hinchada es de las más fieles. Sir Alex Ferguson llegó a decir que el estadio de Leeds, Elland Road, es el “más intimidante” de Inglaterra. Contra Manchester United mantuvieron una rivalidad histórica que se remonta a las guerras entre los condados de Yorkshire y Lancashire, al norte del país, en el siglo XV. El Derby de las Rosas. La última vez que se enfrentaron fue en 2010. Leeds, en tercera división, visitó Old Trafford por la tercera ronda de F.A. Cup. Los Reds eran campeones vigentes y punteros de Premier League. Seis meses atrás habían peleado la final de Champions ante Barcelona. Contra todo pronóstico, los hinchas de Leeds llenaron una cabecera del estadio. Sus jugadores pagaron con una victoria épica por 1 a 0. Los hinchas locales se fueron rápido y la transmisión se quedó con el orgullo visitante: llantos, caras rojas, golpes en el pecho. Fue la última alegría para esa hinchada incondicional.

Ese mismo año volvieron al Championship, la segunda categoría inglesa. Eso sí, sin salir campeones. Siempre esquivo a los títulos, Leeds convivió con el triunfo ajeno. Vio de cerca cómo ascendían Sheffield United, Hull City y Huddersfield, rivales de toda la vida. El resto de los equipos los ninguneó durante mucho tiempo. Chelsea, otro rival odiado, ganó todo mientras ellos estaban peleando en otra categoría. Manchester United casi que los olvidó. Leeds se ganó el odio de casi toda Inglaterra durante la década del ’60. Don Revie se hizo cargo del equipo y los llevó a vivir sus años dorados, pero adoptaron un juego disciplinado y fuerte. “Dirty Leeds”: los sucios. Todos vieron cómo un equipo duro ganó dos veces la liga inglesa -con cinco subcampeonatos- y llegó a disputar la final de la Champions ante Bayern Múnich.

En sus años de gloria, Leeds tuvo un guerrero incondicional. Jack Charlton, campeón mundial y hermano del histórico Bobby, fue el marcador central de ese equipo. Era el más sucio entre los sucios. Su vida entera como jugador fue en Leeds. 23 años y 773 partidos en el mismo lugar. Padecía demencia y falleció el 11 de este mes. No pudo ver a Leeds campeón. “Es poco probable que sus registros con Leeds sean superados”, lamentaron desde el club en la carta de despedida.

Al fútbol siempre lo mantuvo vivo la esperanza del más débil. Los más escépticos se vuelven fieles peregrinos de la primera religión que se les aparezca. También están los supersticiosos. En plena crisis del Leeds, durante 2014, Massimo Cellino compró parte de las acciones del club. El italiano dueño del Cagliari creía mucho en la cultura de la mala suerte y desconfiaba del número 17. Lo primero que hizo fue borrarlo de las camisetas. Nadie lo podía usar. El asiento 17 en el estadio pasó a ser el 16B. La revista del club tenía que sacar su edición 17, pero también la nombraron 16B. Hasta le rescindió el contrato a Paddy Kenny, arquero del plantel hasta ese momento, porque nació un 17 de mayo. Lo cierto es que no le sirvió de nada. Creer o reventar: dejó el club en 2017.

La locura duró hasta hace poco. Leeds contrató para esta temporada a Hélder Costa, clave para Bielsa, y le dieron la 17. El portugués aportó cuatro goles y seis asistencias. El equipo consiguió el objetivo. Vuelven a Premier. La historia fue otra. Vaya paradoja, el ascenso se concretó un día 17.


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