Temperley se fue pero puede sonreír

Temperley le dijo adiós a la Primera División. Su última función no la dio en el Teatro de Turdera, su casa, sino en el Gigante de Alberdi cordobés y ante otro celeste como lo es Belgrano. La despedida, que culminó con triunfo por 3-2 frente al Pirata, fue un fiel reflejo de su estadía en la élite del fútbol argentino: con más amor propio que fútbol, y con sufrimiento hasta los minutos finales.

Cada gol en Córdoba se festejó de manera eufórica tanto dentro como fuera de la cancha, como si no se tratase de un equipo que perdió la categoría cuatro fechas atrás. Cada festejo resumió el espíritu de un plantel que, a pesar de sus limitaciones, siempre luchó para tratar de conservar el lugar de privilegio que Temperley consiguió tres años y medio atrás.

En la noche del 24 de noviembre de 2017, el Gasolero concretaba el tan esperado regreso a Primera División al vencer 3-1 a All Boys en un Beranger colmado. Los espectadores que presenciaron aquel ansiado logro fueron integrantes de distintas generaciones de hinchas del club, desde los más grandes que habían visto al cuadro de sus amores en su anterior etapa en Primera, hasta los más jóvenes que tuvieron que sufrir las duras categorías de Ascenso por muchos años. Pero todos con un denominador común: la pasión por una institución que no entiende de resultados.

Porque, si de pasión no se tratase, ¿cómo se explica el apoyo incondicional de gente que vivió más penas que glorias? El descenso a la B Nacional en 1987, luego de cinco años en Primera durante los cuales llegó a salir tercero en el Nacional de 1983; la quiebra en 1989, que terminó en la desafiliación y dejó al club al borde de la desaparición; y los 27 años en el duro Ascenso, con presencia casi permanente en la B Metropolitana y apenas unos fugaces pasos por la B Nacional.

Ante Belgrano, uno de los últimos festejos en Primera. (Foto: Daniel Cáceres)

Aquellos breves lapsos en la segunda categoría del fútbol nacional desde el descenso en 1987 fueron cuatro y, en tres de ellos, la historia fue la misma: la caída a la tercera división, esa maldita B Metro de la que Temperley parecía no tener escapatoria. Pero el cuarto -y más corto- fue el que le dio la posibilidad al Gasolero de volver a una Primera División que se vería reestructurada con un torneo de 30 equipos.

La alegría para el pueblo celeste sería doble aquel 2014 porque cinco meses antes había llegado a la B Nacional luego de 15 años tras vencer a Platense por penales, también en el Beranger. Sí, dos ascensos consecutivos en menos de seis meses. ¿Suerte? Puede ser, nunca está de más en el deporte y el fútbol no es la excepción. Pero, como dicen los que saben en las tribunas, a la suerte hay que acompañarla. Y Temperley lo hizo.

La institución de la zona sur del Gran Buenos Aires supo recuperarse de la tan angustiante quiebra y a partir de allí emprendió un camino de trabajo silencioso que muchas veces no se ve. No lo ven -o no lo saben ver- sus propios hinchas, y por supuesto que mucho menos los de afuera. Pero Temperley trabajó y, a pesar de que los resultados futbolísticos no acompañaron, creció. Social y estructuralmente.

Dinenno celebrando el primer gol del Gasolero tras su retorno a Primera División. (Foto: Ezequiel Morales)

La actividad social siempre fue el caballito de batalla del club, motivo por el cual la gente –más allá del amor propio por los colores- nunca dejó de apostar por él. Sin embargo, el punto de inflexión del Gasolero se produjo en 2012, cuando Hernán Lewin fue electo como presidente. Con él a la cabeza, Temperley terminó de convertirse en un club modelo al empezar a mejorar su infraestructura: desde el abandonado estadio de fútbol -donde se construyó una nueva tribuna y se refaccionó la platea principal, entre otras mejoras- hasta la construcción de un jardín de infantes.

En ese marco de crecimiento ininterrumpido, al Cele sólo le faltaban los resultados futbolísticos. Pero el ascenso que no llegaba, finalmente se dio. Gracias a jugadores con una gran identificación con la camiseta como Brandán, Di Lorenzo, Aguirre o Crivelli, el club retornó a la máxima categoría. Y de movida, en el primer partido, la aventura comenzó con el pie derecho: triunfo 1-0 a domicilio en el clásico ante Banfield, con un golazo de Dinenno, quien fuera su goleador en la B Nacional.

El tránsito por Primera tuvo sus altibajos para un equipo que en cada mercado de pases modificó su plantel tanto por las altas como por las bajas, a pesar de mantener su columna vertebral y al DT que logró los dos ascensos, Ricardo Rezza. El histórico entrenador logró la permanencia en la primera temporada del club en su retorno a la élite, y luego se alejó de la conducción. Lo suplantaría Iván Delfino, quien duró poco por los malos resultados y que dejaría las riendas del equipo en manos de Gustavo Álvarez, el coordinador de inferiores. Con él, Temperley logró asegurarse otro año y medio en Primera.

La gente de Temperley recibiendo a su equipo ante River en 2017. (Foto: Club Atlético Temperley)

De todas formas, el descenso se veía venir por el sur. Cada temporada en la Primera División, el Gasolero sufrió una lenta agonía hasta las últimas fechas para evitar el precipicio de la tabla de los promedios. Y, a pesar de que en 2018 la sentencia finalmente llegó, los hinchas celestes pueden sonreír al saber que su club está sano, sin deudas que lo ahoguen y con un constante crecimiento institucional. Fueron tres años y medio con más alegrías que tristezas, donde quizá el trago más amargo fue el alejamiento de Lewin por aprietes de la barra brava. Algo que no debería ser parte del fútbol y que sin embargo lo es, aunque les duela a los que de verdad sufren por sus colores.

Pero descender sí es parte del fútbol, como también lo es la revancha. Una revancha que el más alto nivel del fútbol argentino seguramente le dará a Temperley, que se fue como llegó: con la frente en alto. En el campo de juego, con los jugadores dejando todo. Y afuera de él también, con hinchas que ya esperan poder gritar nuevamente en el Beranger a su cántico más apasionado: “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el glorioso Temperley”.

Imagen destacada: Club Atlético Temperley


Martín Bugliavaz

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Apasionado por el deporte y el periodismo. Comunicar es mi objetivo. Hacerlo con responsabilidad, mi obligación. Llegué al Rincón con el fin de aprender y para tratar de aportar una mirada diferente del fútbol, con la cultura y la educación como insignias.

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