#PartidosHistóricos: Argentinos y un milagro

Argentinos Juniors tuvo su partido para el llanto una fecha antes de salir campeón. Remontando un resultado inesperado y en un encuentro difícil, el Bicho que se consagró en 2010 sacó de adentro la dureza que muchas veces se necesita para romper una racha de 25 años sin títulos en Primera.

Por Facundo Di Bona. / Foto: Diario Olé.

Muchas veces no son las finales las que definen a los campeones. Hay partidos donde se demuestra que el equipo tiene carácter, es distinto y tiene ese plus que el fútbol, deporte siempre imprevisible, necesita. El plantel de Argentinos que se quedó con el Clausura 2010 tuvo el suyo un 9 de mayo de ese año. 

Era domingo pasado el mediodía y en La Paternal las parrillas seguían largando humo. Diego Armando Maradona dirigía a la Selección Argentina, pero se hacía un tiempo para estar en el palco del estadio que lleva su nombre. El otro ídolo, Bichi Borghi, quizá el único que pelea el puesto del “10”, estaba en el banco dirigiendo al club de sus amores. 

El clima era de fiesta. Había nervios: era la anteúltima fecha y el Bicho estaba segundo, a un punto del líder, Estudiantes de La Plata. El rival del día era Independiente, que también peleaba el título y meses después se quedaría con la Sudamericana. 

De antemano, Argentinos no contaba con dos piezas claves de ese equipo: Ismael Sosa y Facundo Coria. Para sumar bajas, a los 20 del primer tiempo se lesionó el arquero titular, Nicolás Peric, y fue reemplazado por Luis Ojeda. Así y todo hubo unos minutos donde parecía que había esperanza porque Nicolás Pavlovich puso en ventaja al local, aunque enseguida llegó un gol olímpico de Leonel Núñez. El gordo, surgido del Bicho, levantó las manos y pidió perdón a la tribuna. 

El segundo tiempo arrancó con un balde de agua fría: Darío Gandín empujó la pelota dentro del área y puso en ventaja a Independiente. El Rojo era muy superior y empezó a aprovechar los espacios. Ojeda se hacía figura y tapó pelotas que después iban a ser claves. Entre el travesaño y la línea, también contribuyeron al milagro; pero entre tanto aguante, Núñez, que tenía un partido soberbio, marcó el 3 a 1. Parecía imposible de remontar. 

Había caras largas e insultos a los rivales. La gente ya veía lejos el campeonato, pero bajó una mano del cielo y se empezó a gestar la épica. Néstor Ortigoza trabó una pelota en la mitad de la cancha, Gustavo Oberman se tiró atrás para meter un pase largo y Canuto, un central clásico, apareció de wing para tirar el centro y que el Buitre Pavlovich anote su doblete. 

El gol fue un empujón. Ahí es donde Argentinos sacó de adentro lo que faltaba. Sin tener el juego que lo caracterizaba, el Bicho metió a todo el equipo en el campo de Independiente. El rival se achicó y cuando pudo aprovechar alguna contra no lo hizo. 

Minuto 89. En un tumulto en el área, Calderón cabeceó y pegó en el travesaño. La pelota bajó. Nadie la sacó. Juan Sabia la encontró y, con la zurda, que no era su pierna hábil, anotó el empate. No había tiempo de festejar. Los jugadores fueron a buscar rápido la pelota y a sacar del medio. Había esperanza. 

Minuto 93. El árbitro había añadido cuatro. Pelota al área y que pase lo que sea. Los defensores de Independiente la rechazan. Mareque y Acevedo quisieron salir jugando. Ortigoza presionó y Matías Caruzzo, parado como un enganche, anticipó la pelota y tocó al medio para Calderón. El delantero pivoteó y se la dejó servida al capitán para que le de al arco. Le pegó mordido con la parte interna. La pelota pegó un rival y se metió al arco. Dieron vuelta el partido. 

La Paternal fue un delirio. Todo el plantel se metió en el campo a festejar. Los jugadores saltaron por todos lados y algunos se arrodillaron mirando al cielo. Estudiantes empató contra Rosario Central y Argentinos alcanzó la punta en soledad. Llevaban 25 años sin ser campeones y faltaba una fecha para romper la racha. El resto fue historia, pero acá comenzó todo.

Partido Completo

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