Napoleón, el perro bohemio

El viejo Chávez encendía la radio cada fin de semana para escuchar fútbol. Era una práctica frecuente, un hábito infaltable en su vida. El viejo era hincha de Atlanta y a mí me daba un poco de pena su elección futbolística porque me parecía que su equipo no podía aspirar a mucho más que  a jugar para mantener la categoría en la que militaba, la Primera B. Con el paso del tiempo le tome cariño al bohemio y tal como lo hacía el viejo, cada fin de semana yo mismo encendía la radio para saber cómo iba Atlanta. Lamenté mucho la muerte del viejo Chávez y años después, lamenté aún más, que se nos fue de este mundo sin poder ver al bohemio campeón de Primera B en la temporada 94/95.

Atlanta nació un 12 de octubre de 1904 y la fecha no es azarosa, más bien todo lo contrario, la fecha fue elegida para que coincidiera con la conmemoración del mal llamado “Día de la raza”, tal como se lo denominaba en aquellos tiempos. Todo nació en una casa del barrio porteño de Constitución, el dueño del inmueble era un comerciante de nombre Elías Sanz. Cuenta la historia que en aquel hogar las sillas no alcanzaban para sentar a todos los asistentes, entonces decidieron trasladarse hacia la Plaza Concepción que estaba ubicada muy cerca de allí, en B. de Irigoyen e Independencia. En ese mismo lugar, bajo la mirada atenta de la naturaleza, estos muchachos se pusieron de acuerdo y dieron nacimiento al C. A. Atlanta.

La historia del bohemio en materia futbolística no fue fácil. Tuvo algunas buenas temporadas en Primera A y desde sus filas emergieron grandes jugadores, pero también vivió momentos amargos. Ascensos y descensos marcaron altibajos económicos y el club fue declarado en quiebra en el año 1991. Como consecuencia debió clausurar sus instalaciones y suspender sus actividades, además de tener que vender su sede social. Pese a todo y con el esfuerzo y pasión de dirigentes, socios y vecinos la quiebra pudo levantarse y el club la sigue peleando.

Y la pasión ha sido un distintivo durante la vida del bohemio. En la década del 30, el socio Francisco Belón recibió de regalo un perrito. Era un mestizo, mezcla de callejero y salchicha, algo así. Su dueño lo bautizó Napoleón y al ver que el pequeño can mostraba ciertas habilidades en el manejo del balón, decidió doblar la apuesta y enseñarle a jugar al fútbol. Con mucha paciencia, en el patio de su casa, lo ubicaba entre dos palos y le pateaba una pelota de goma. Francisco llegó a decir que Napoleón era “un buen arquero” y que “cabeceaba como Roberto Cherro”. El perro comenzó a ir a la cancha, era bien bohemio, se decía que conocía a la perfección los colores del club. Cuando ingresaba el equipo rival al campo de juego ladraba como loco y cuando lo hacía el equipo de Atlanta saltaba y pegaba brincos de alegría.

Con el paso del tiempo, Napoleón se hizo amigo de los jugadores e ingresaba con ellos al field. Posaba para la foto grupal y peloteaba un rato antes del comienzo de cada partido. Una crónica de la revista El Grafico nos cuenta que durante el entretiempo de un partido frente a River fue testigo de las habilidades del pichicho: “Empujándola con la cabeza, entre el cogote y la espalda, a toda velocidad entre las piernas de quienes intentaban quitársela, el perrito atajaba y gambeteaba y era saludado por una ovación del público”. Fue tal su fama que un día, en un diario de la época salió una nota manifestando que Napoleón era hincha de Chacarita (clásico rival del bohemio). Belón furioso se dirigió a los medios para desmentir semejante mentira.

Una buena tarde del año 1938, un auto atropelló a Napoleón y le quitó la vida. Fue un día tristísimo para la institución. El diario Ahora tituló: “Falleció Napoleón, verdadero as del fútbol porteño”. Pero el cariño del pueblo bohemio por el perro era tan grande que la dirigencia decidió nombrarlo socio honorario y contrataron a un taxidermista para embalsamarlo.

Tal vez cueste un poco comprender esta decisión, el negro Fontanarrosa escribió una vez:Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol”. El viejo Chávez indudablemente la tenía muy clara…

Foto: Napoleón posando con un team de Atlanta.


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Acerca Diego González

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Diego Gonzalez nació un 11 de agosto del año 1975 en el Hospital Evita de Lanús, exactamente el mismo lugar donde también nació un cara sucia de Fiorito que años más tarde regaría de alegría el suelo argento. Desde temprana edad Diego se mostró como un niño motivado hacia la inventiva general (¿?), es por eso que al llegar a la pre adolescencia decidió que quería ser Ingeniero Electro-mecánico. Las cosas no salieron tal cual las soñó y los años hicieron su trabajo para intentar moldearlo como docente, profesión que ejerce actualmente con mucho honor y alguna que otra lágrima a fin de mes. Estudió historia, de ahí su pasión por esa rama de las Ciencias Sociales, además de trabajar en una escuela pasa varias horas de la semana metido en el Archivo Histórico de Barracas donde aprendió a desempolvar documentos, libros y fotos. Llegó al Rincón del Futbol por medio de una de las tantas invitaciones sin sentido que el Sr. Facebook nos provee cada día, aunque nunca imaginó que en “el Rincón” encontraría un espacio que sí tenía sentido. Hace un tiempo estuvo recluido en un retiro espiritual rogándole (quien sabe a quién) que sus neuronas no lo abandonen y se alineen correctamente para poder hacer uso de su pluma en pos de informar y entretener, siempre desde sus tres pasiones: la historia, el fútbol de ascenso y, desde hace algunos años, el fútbol femenino. Así que, señor lector, siéntese cómodo y espere tranquilo, algo bueno está por venir.

4 Comentarios en este artículo

  1. Mariana Godoy

    ¡Excelente, me encantó!

    Mariana Godoy / Responder
  2. Florencia Godoy

    ¡Me encantó! Impecable!! 😀

    Florencia Godoy / Responder

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