Járkov: cultura, tanques y el club que renació

Es probable que poca gente pose sus ojos en Europa del Este al hablar del Viejo Continente. También es probable que muchos no se fijen en Ucrania, un país que cuenta con atractivos de sobra, especialmente si de historia se trata. Pero, si de Ucrania hay que hablar, hay un hecho que es casi una certeza: pocos conocen algo que no sea acerca de su capital, Kiev. Sin embargo, a casi 500 kilómetros de allí se erige una ciudad que tiene un lugar grande en la historia ucraniana: Járkov.

Fundada a mediados del siglo XVII, Járkov es hoy una urbe que desarrolla su economía en función de la industria. Allí se encuentran radicadas numerosas fábricas que se dedican a la manufactura de maquinaria pesada, insumos para el automotor, componentes electrónicos y armas de guerra –especialmente tanques-.

Museo Histórico de Járkov. Foto: Find Way.

Más allá de ser hoy en día la segunda ciudad en importancia de Ucrania, la historia de Járkov también es de gran relevancia para el país. Su gran producción industrial se remonta al siglo XIX, en el cual la ciudad todavía formaba parte del Imperio ruso. Esa posición preponderante de Járkov gracias a su sólida economía hizo que la población empezase a crecer de una manera tan elevada que, hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, era la ciudad más poblada de Ucrania.

El gran flujo de gente que se trasladó a la ciudad hizo que Járkov también creciera en otros aspectos. Fue así como se fundó en 1804 la Universidad de Járkov -la segunda más antigua en Ucrania detrás de la Universidad de Kiev- y, además, en 1812 contó con el primer periódico de la historia ucraniana: el Semanal de Járkov. Estos dos hitos, sumados a muchas investigaciones que se llevaron a cabo allí, hicieron a Járkov una ciudad destacada en relación a lo cultural.

Las migraciones internas continuaron luego de la Revolución rusa, que en 1917 le puso fin al Imperio para dar paso a la Unión Soviética, de la cual Ucrania pasó a formar parte con Járkov como flamante capital. A pesar de que esa condición duró menos de 20 años, generó un aumento de infraestructura y por ende también de población, que fue allí en busca de mejores oportunidades laborales. Ya con la Segunda Guerra Mundial iniciada, muchos habitantes de zonas rurales partieron hacia Járkov debido a la gran hambruna sufrida.

Plaza de la Libertad. Foto: Richard Zorge.

Este conflicto bélico fue el que marcó un antes y un después en la metrópoli, pues durante su transcurso se llevaron a cabo allí cuatro batallas entre soviéticos y alemanes que dejaron como resultado una destrucción casi total del patrimonio jarkovita y una merma drástica en la población. Entre esas batallas, Járkov estuvo un breve lapso bajo control de la Alemania nazi, que mandó a ejecutar en la ciudad a miles de soldados polacos, que fueron enterrados en el cementerio de Piatykhatky.

A pesar de todo lo sufrido, Járkov actualmente ofrece una variada gama de opciones a la hora del turismo. Desde templos religiosos como catedrales y sinagogas hasta espacios naturales como un jardín botánico y un zoológico, pasando por numerosos museos, entre los cuales se destacan el Museo Marino, el Museo de la Computación y el Software y el Museo Histórico de Járkov. Además, en lo que a urbanismo se refiere, no hay que pasar por alto el Parque Shevchenko, la Plaza de la Constitución y la Plaza de la Libertad, que es la tercera plaza mayor más grande de Europa.

La Catedral de la Anunciación por la noche. Foto: Eva Johnson.

Y si de atractivos se quiere hablar, por supuesto que Járkov tiene ese condimento que a todo futbolero le va a gustar: un equipo propio. El club en cuestión es el Football Club Metalist 1925, que fue fundado en agosto de 2016. Más allá de sus pocos años de vida, el nombre Metalist arrastra una historia casi centenaria y que supo quedar grabado en la historia del fútbol soviético.

El Metalist 1925 nació tras la disolución en 2016 del Metalist, un club que fue fundado en 1925 en la Ucrania soviética como iniciativa de una fábrica de materiales ferroviarios, un hecho que explica el porqué del nombre del club -por el metal empleado en todo el sistema de ferrocarriles-, que recién lo adoptó definitivamente en 1965, es decir, cuarenta años después y luego de haber tenido cuatro nombres previos.

El Metalist tuvo altibajos pronunciados a lo largo de su historia -que incluyó ascensos y descensos constantes-, pero de todas formas pudo llevar a sus vitrinas un trofeo importante para aquel entonces: la Copa Soviética de la temporada 1987/1988. Ese certamen fue el único en el cual pudo consagrarse -tras vencer en la final al Torpedo de Moscú– y le facilitó el ingreso por primera vez en su historia a una competencia internacional (la extinta Copa de Campeones de Copa de la UEFA).

El moderno Estadio Metalist. Foto: Járkov Info.

El nuevo siglo lo encontró en uno de los mejores momentos de su vida institucional, pues en 2012 su estadio -conocido como Estadio Metalist– fue remodelado para ser parte de la Eurocopa disputada en Ucrania ese año y, además, esa temporada finalizó en la segunda posición de la Premier League ucraniana. Aunque parecía que todo marchaba sobre rieles, tan sólo cuatro años después el Metalist dejó de existir por su insolvencia financiera que hizo que, entre otras cosas, dejara de pagarle el sueldo a su plantel profesional.

Fue así como inmediatamente vio la luz el Metalist 1925, que a pesar de no ser legalmente el sucesor del original Metalist, sí lo es en espíritu, pues quienes lo fundaron son personas con un fuerte arraigo con el disuelto club y con la ciudad. Además, en 2017 volvió a disputar los partidos en condición de local en el Estadio Metalist, que actualmente es propiedad del raión de Járkov, y hoy en día ya milita en la segunda categoría del fútbol ucraniano, a tan sólo un paso de volver a la élite donde supo estar su predecesor.

La hinchada del Metalist 1925 durante un partido. Video: Revolución 3.0 (YouTube).

Muchas veces se dice que el fútbol es sólo un deporte. Esa afirmación puede ser refutada con varios argumentos, pero el sólo hecho de que su existencia lleve a conocer detalles de ciudades tan ricas en historia y en cultura como Járkov, habla por sí sólo y desmiente cualquier acusación en contra de la validez del deporte de la redonda. “¡Que viva el fútbol!”, diría un conocido relator. Que viva la cultura, agrega este humilde autor.

Imagen destacada: Richard Zorge


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*