#Ídolos: Griguol y Ferro, la verdadera historia de amor

Carlos Timoteo Griguol nació el 4 de septiembre de 1934 en Las Palmas, Córdoba. Como futbolista se destacó como volante. Jugó 392 partidos y convirtió 32 goles. Su debut profesional llegó en 1957 cuando jugaba en Atlanta, allí logró ganar la Copa Suecia 1958. Al año siguiente, formó parte de la Selección Argentina, donde ganó el Campeonato Sudamericano 1959.

En 1966 pasó a Rosario Central, en el club jugó por tres años. Se retiró en 1969 y automáticamente empezó a trabajar en las Divisiones Inferiores del club rosarino. En 1971 dirigió de manera interina al primer equipo del “Canalla” hasta que en 1973 tomó el cargo de Director Técnico. Ese mismo año ganó el Campeonato Nacional, su equipo se destacaba por el juego rústico, aguerrido y sobre todo efectivo.

En el conjunto rosarino también fue subcampeón del Metropolitano 1974, logró disputar la Copa Libertadores de 1974 y 1975. Obtuvo el récord de victorias seguidas como local en el profesionalismo de AFA (10 victorias consecutivas). También posee el récord de efectividad en el club (como local ganó 22 partidos y empató 4 logrando así un porcentaje de 93,5 de los puntos en disputa).

Desde 1975 a 1977 tuvo un paso por el fútbol de México dirigiendo a Tecos de Guadalajara, sin embargo, durante el ‘77 volvió a Rosario Central donde tuvo una campaña irregular. En 1978 dejaba nuevamente su cargo y en 1979 tuvo un paso breve por Kimberley de Mar Del Plata.

Luego de pasar por tres clubes como entrenador, Griguol recibiría una propuesta jugada por parte del club Ferro Carril Oeste. El equipo de Caballito quería acomodarse en la Primera División e intentar lograr una identidad. El cordobés entendió perfectamente lo que el club quería y a pesar de las irregulares campañas en los equipos que había dirigido logró poner en marcha a un equipo que haría historia.

En el Torneo Metropolitano de 1980, el equipo de Caballito se ubicó en la séptima posición con 35 puntos y pudo mantenerse en Primera División durante todo ese año. No se lució mucho durante ese año, pero poco a poco se iba aferrando a la idea y estilo que proponía Griguol. El mismo consistía de un juego colectivo explosivo y de práctica al igual que el Estudiantes de Bilardo.

En 1981 fue donde Ferro empezó a ser noticia por su juego intenso. En el Torneo Metropolitano se ubicó en la segunda posición (49), a tan solo un punto del campeón Boca Juniors (50). Esto le permitió al “Verdolaga” jugar el Torneo Nacional donde fue la sensación hasta que perdió la final contra River Plate. En el Metropolitano el arquero de Ferro, Carlos Barisio, logró un récord aún vigente en el fútbol de nuestro país. Mantuvo su valla sin recibir goles por 1075 minutos.

Para el Torneo Nacional de 1982 Griguol  y sus jugadores se animaron a soñar en grande luego de las grandes campañas que habían logrado, se propusieron ganar el torneo y así fue. Luego de 22 partidos disputados, con 16 victorias y 6 empates, Ferro se consagró campeón por primera vez en su historia. El equipo de Caballito le ganó a Quilmes por 2 a 0 en el Estadio Arquitecto Ricardo Etcheverry y desató la emoción, euforia y alegría del pueblo verde. 

Luego del partido, el técnico habló muy emocionado y manifestó lo siguiente: “Al empezar este año me reuní con todos los jugadores y les dije que Ferro tenía que ser campeón en todo: en partidos ganados, en goleadores, en defensa menos vencida y por supuesto en título… y ahora que llegó el final siento que no me defraudaron. ¿Nuestras razones? Orden, respeto y disciplina. Y una institución que nos brindó un apoyo emocionante…”

El trabajo bien hecho había llevado a Ferro a convertirse en la piedra en el zapato de los equipos “grandes” (Boca, River, San Lorenzo, Independiente y Racing) quienes a excepción de Independiente no pasaban un buen momento. Boca y River tenían una crisis económica grande mientras que San Lorenzo y Racing tenían una crisis aún mayor que los llevó a perder la categoría por primera vez en sus respectivas historias. 

Para el año 1983, la figura de Griguol ya era grande, los hinchas estaban muy a gusto con la seriedad del entrenador y el compromiso de los jugadores. Para el infortunio del club uno de los referentes dentro de la cancha que marcaron un antes y un después como Gerónimo Siccardi sufrió una lesión en su rodilla que lo obligó a retirarse del fútbol. 

El bajón anímico del equipo se vio reflejado durante la Copa Libertadores 1983 (logró una plaza por haberse coronado campeón en 1982) donde quedó eliminado en fase de grupos, sólo sumó 4 puntos. Ferro también competía por el Torneo Nacional donde también quedó fuera de la competencia tras perder con Estudiantes, quien luego se consagraría campeón.

Había llegado el momento de transición para Griguol y sus dirigidos. Este no contaba con grandes figuras, pero si hay algo que caracterizaba a este equipo era la reconstrucción desde abajo, levantarse para salir mejor y dar pelea. Para esto, el DT seguía apostando al juego colectivo, a la unión y trabajo del grupo.

Si bien, algunos jugadores de renombre habían partido luego de lograr el Nacional 1982, la base del campeón había quedado. Para 1984 Ferro contaba con jugadores como Garré, Marchesini, Cúper, Nuremberg, Brandoni, Cañete y un tal Beto Marcico. 

Griguol, nuevamente siendo el cerebro, conducía con sencillez a un equipo que jugaba de memoria y era complicado tanto de local como de visitante. Los valores que el DT inculcó en Ferro se han visto pocas veces en el fútbol argentino. Profesionalidad, orden, solidaridad, compañerismo, ser ejemplo para otros, eso quería Timoteo en su Ferro. Lo logró, daba que hablar, defendía bien, contragolpeaba de manera letal y dominaba las acciones en todas las canchas. 

El equipo de Caballito no era el mejor, jugaba bien al fútbol y eso hizo que pueda coronarse campeón del Torneo Nacional 1984 ganándole de manera categórica  a River en el Monumental por 3 a 0  y en la vuelta los hinchas “Millonarios” generaron disturbios para que el partido se suspendiera por la superioridad del local. 

Griguol logró que su Ferro complique a cualquier rival, no se categorizaba dentro del “Menottismo” o “Bilardismo” ya que había logrado generar su propia identidad futbolística. El periodismo no lo quería y el desfiándolos dijo alguna vez “el campeón soy yo”. El entrenador se ganó la admiración y cariño de los hinchas de Ferro. Es el ídolo máximo de la Institución, no solo lo sacó campeón dos veces, si no que les dió la identidad que buscaron allá por 1979/1980 cuando Santiago Leyden lo llevó a Ferro.

Foto: diarioeldia.com

El 10 de octubre de 2016, por una iniciativa de los periodistas Miguel “Tití” Fernández y Adrián Paenza, el amor del club y sus hinchas para con el entrenador quedó plasmada para toda la vida en una estatua en honor al maestro, al formador de deportistas y personas. Claro que el campeón es el, pero no solo del fútbol, si no también de la vida misma.

Por: Sebastián Basas

Imagen destacada: centrofotbal.com


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