#GranDT: Lippi: recuerdo de un camino hacia la gloria

Un trabajador incansable que se mantiene presente en cada hincha y en la historia del “verde” de Junín.

Sergio Lippi nació en Junín el 24 de diciembre de 1956, fue un defensor central que llegó a jugar 13 partidos en Primera División con Mariano Moreno de Junín en el Nacional de 1982, aunque también había participado con Jorge Newbery allá por el año 74 y 75.  A los 25 años debió retirarse por lesiones en su rodilla. Antes de colgar los botines comenzó a estudiar el profesorado de Educación Física. Dio clases, dirigió inferiores, y primera división en diferentes clubes de la Liga local.

Más tarde, con Héctor Rivoira, dio el gran salto, y entre 2003 y 2008 trabajó como ayudante de campo y comenzó su roce con el fútbol de elite. Fue ahí que en el 2008  Sarmiento le ofreció ser el DT en la B Metropolitana. Un tanto sorprendido, ya que siempre lo de afuera es más atractivo y hasta muchas veces parecen estar “mejor capacitados”, aceptó. Era su primera experiencia, y si bien cumplió un buen papel liderando gran parte del campeonato, el equipo se cayó en el tramo final y luego de diferencias, decide marcharse.

El primer ascenso lo logró con Douglas Haig de Pergamino del Argentino B al A. Ya con la experiencia en su haber, decide regresar a su ciudad natal para escribir un importante capítulo en la historia del “verde”. Entonces, armó un plantel convocando a gente que ya había ganado cosas. Fue así que llegaron Cuevas,  Wanchope Abila, Claudio Flores y Martín Andrizzi, más Cerutti, Cacheiro, Aillapán en plena evolución, y de esa manera lograr el objetivo: subir a la B Nacional.

Las metas habían cambiado: el “verde” había logrado en 3 oportunidades escalar a la B Nacional, pero nunca pudo mantenerse en la categoría, entonces ahora el desafío era sostenerse. Lo logró en la primera temporada, y quedó muy cerca del ascenso. En la segunda, 5 derrotas seguidas lo llevaron a pensar en hacerse a un costado. Y entonces más de 500 personas se reunieron en la puerta de su casa para demostrarle su apoyo.

“Fue una cosa de locos. Cortaron las calles, vinieron con banderas, tuve que salir, sacarme fotos. Lo valoro muchísimo porque yo no era un hombre del club, no era un tipo con historia en Sarmiento. La verdad que esas cosas te conmueven. Jamás olvidaré esa prueba de afecto, más en un ambiente como el del fútbol”, recordó en alguna oportunidad con un tanto de emoción.

La continuidad fue corta, y una nueva caída fue la causa del “basta para mí”. Sin embargo, luego de su paso por Patronato, volvería para convertirse en héroe, tras ascender a la categoría máxima, en el 2014.

Lippi llegó y dejó sus huellas desde el primer minuto. Marcó una identidad futbolística e hizo hincapié en lo  humano. Incorporó respeto, seriedad, responsabilidad, trabajo en conjunto, y dejó algo muy en claro: el no vendía humo. El trabajo duro y responsable, y los buenos resultados, eran el secreto a voces para lograr éxitos.

Esos mismos que lo llevaron a meterse en el corazón de los hinchas, que pudieron comprender que mantenía intacta su esencia y que más allá de los éxitos o fracasos,  hay un hombre.

La vida y el fútbol, le regalaron momentos felices, y no tantos, reconocimiento e ingratitud. Sin embargo siguió su instinto, se la jugó y se entregó por completo en busca del logro de objetivos. Encaminó y luego persiguió su trance de felicidad. Perdió batallas, pero decidió regresar, porque sabe bien que tarda en llegar pero al final hay recompensa. Esa misma, y merecida, recompensa para un hombre que hizo camino al andar.

Imágen destacada: Diario La Verdad

Informe: Astrid Cánepa


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