“La rosa tatuada”

Una antidiva que rompió con los estereotipos de la belleza y cautivó los escenarios del mundo entero. Anna Magnani fue la musa inspiradora del neorrealismo italiano y desplegó su virtud más imponente: la autenticidad.

En Italia, el cine de la posguerra cambió las concepciones por entonces conocidas y sentó un paradigma a la hora de contar historias. Lejos de lo musical, lo bello y lo correcto, a mediados de la década de 1940 nació un movimiento cinematográfico y narrativo con identidad propia: el neorrealismo.

Era el momento de dejar atrás los oscuros años del fascismo y contarle al mundo la nueva realidad social. Salirse del libreto preestablecido y darle lugar a la improvisación para mostrar lo más auténtico de la condición humana.

Anna Magnani nació en Roma un 7 de marzo de 1908. Vivió en sus primeros años en Alejandría (Egipto) y luego se trasladó a la ciudad donde conducen todos los caminos. Y fue la ruta artística la que decidió tomar con una carrera llena de loas y alabanzas.

Los comienzos encontraron a “la Magnani” cantando en bares y cabarets (hasta fue apodada como la “Edith Piaff italiana”). Las tablas fueron sus mejores aliadas porque el primer brillo de su aura lo mostró en la escena teatral. Un poco más de 2 décadas en los escenario con una visita a Buenos Aires, en el mismísimo Teatro Odeón.

Sin embargo, la pantalla grande no tardó en llamarla y los directores del naciente neorrealismo italiano decidieron convocarla para sus filmes. En 1941 Vittorio De Sica la eligió como su partenaire en “Nacida en viernes”. Pero el primer éxito que tuvo reconocimiento más allá de las fronteras llegó 4 años más tarde: Roberto Rossellini le dio el protagónico de la que fue una de las películas de culto del neorrealismo, “Roma, ciudad abierta”.

Ese fue el punto de quiebre para Magnani, que no contaba con la belleza pura que solía atribuírsele a figuras de la talla de Sophia Loren o de Gina Lollobrigida. Por supuesto que era una linda mujer, pero no era eso lo que cautivaba, sino más bien su anti divismo, su autenticidad y una particularidad que pocas tenían en esa época: era la más “real” de las actrices italianas (tal como la describió la crítica estadounidense Pauline Kael).

Luchino Visconti pensó en Anna para su filme “Obsesión” pero finalmente el papel fue otorgado a Clara Calamai. Sin embargo, en 1951 Visconti sí pudo darse el lujo de contar con Magnani en un protagónico y la eligió para “Bellísima”.

Hasta que llegó la película que terminó de confirmar el estrellato de Anna. En 1955, el director estadounidense Daniel Mann decidió que junto a Burt Lancaster formaran la dupla de actores que llevase al cine la obra teatral de Tennessee Williams: “La Rosa Tatuada”.

Anna Magnani interpretó a Serafina Delle Rose, una viuda que reside en el estado de Louisiana y que tiene una hija adolescente. Alvaro Mangiacavallo (Burt Lancaster) aparece en la vida de Serafina, quien decide terminar con su propio encierro sentimental luego de la pérdida de su esposo.

La actuación de Magnani fue merecedora de un Premio Oscar, algo poco usual en aquellos tiempos porque el galardón solía ser patrimonio exclusivo de actores y actrices de los Estados Unidos.

Lo realmente atrapante de la Magnani era su carisma, esa incorrección estética que rompía con los cánones que la belleza a veces suele imponer. El no preocuparse por la imagen, más bien por el contenido. Esa realidad que se veía delante y fuera de las cámaras transformó a esta sencilla mujer en una fuente de inspiración para muchas.

Anna y el merecido premio a su genuino don … ser ella misma (Foto: Inside Music)

El Seleccionado de Fútbol Femenino de Italia regresa a un Mundial luego de 20 años. Un evento de semejante magnitud es la ocasión ideal para visibilizar esos asuntos pendientes. Todavía la profesionalización del “Calcio Femminile” está lejos, pero varias integrantes del plantel saben que el compromiso sigue en pie.

Porque no hay mejor vidriera que la de la propia esencia. La dosis de amateurismo fue una aventura novedosa, pero ya es tiempo de derribar barreras y pelear por la igualdad.

Antes de cada película, Anna Magnani le decía a su maquilladora de turno:- “Déjame todas las arrugas, no me quites ni una, he tardado toda una vida en conseguirlas”. Jamás importaron las reglas de lo establecido ni mucho menos lo políticamente correcto. Quizás las chicas de ésta selección “Azzurre” sean las pioneras en conseguir que se escuchen sus voces. Aunque lleve una vida, el cambio está en marcha.

¿Por qué no imaginar que esos sueños puedan traspasar la pantalla grande? … casi como en “La Rosa Púrpura del Cairo” de Woody Allen. Las ragazze llevan la pelota como bandera y esa película que siempre soñaron seguramente florecerá con un final feliz.

(Foto Principal: Information Cradle)


Emiliano Schiavi

Acerca Emiliano Schiavi

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Soy Emiliano Schiavi y siempre me interese por el fútbol internacional. Sin cable ni internet me las arreglaba leyendo el "Guerin Sportivo" o cualquier revista extranjera que solo se conseguía en algun kiosco del Centro. También me acompañaba algun VHS sobre la historia de los mundiales y nunca me cansaba de verlos. Por eso le preste atención al fútbol de Europa, Africa, Asia y - si estaba aburrido - Oceanía. Descubrí un medio maravilloso como la radio y conocí buena gente (grandes amigos) que me acercaron al Rincón del Fútbol en FB. La radio es una pasión, pero escribir es un deleite. Y todos los dias lo hago en este espacio de FB, donde investigo y me gusta informar y entretener. Mi mayor expectativa para este nuevo proyecto es seguir aprendiendo. Porque a los 40 años también se aprende, créanme. Tengo total libertad para expresarme, leer y ser leído. Porque nadie desafina cuando uno escribe lo que se le canta. Digamos todo ...

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