¡Felices 60 Diego!

Cuando era pibe tenía en mi cabeza las fechas de 4 cumpleaños además del mío: el de mi mamá, el de mi papá, el de mi hermano y el de un tal Diego Armando Maradona. Sí, el 30 de octubre estaba registrado en mi agenda mental y, de hecho, cuando crecí también lo anotaba en las agendas que supe tener. ¿Qué significaba esto? A ciencia cierta no lo sé, pero la principal hipótesis es que lo sentía parte de mi familia.

De Diego me enamoré en la tristeza, en el dolor. Como dice un amigo, somos de la generación que lloró. Fue en Estados Unidos 94, tenía 9 años, casi 10. El que conquistó el mundo en el 86 eran sólo imágenes que revivían la hazaña, pero no había recuerdo en tiempo presente. El del 90 es menos vago, pero no alcanza a ser visualizado con nitidez. Mi primer Diego es efectivamente al que le cortarán las piernas, pero que antes nos regaló ese golazo a Grecia – con grito de gol para la historia -, la asistencia de lujo a Caniggia contra Nigeria y la ilusión de que el tipo que ya había logrado lo imposible podía volver a hacerlo tras haberse caído y levantado.

Lo viví como lo que fue: una injusticia que me llevó a lagrimear cuando me enteré de la noticia y esencialmente cuando Diego enuncia una de sus frases mas emblemáticas. Esas marcas quedan, no te las olvidas fácilmente. Y el niño de 9 que era sintió rabia, pero también un profundo amor. De esos que no se explican, que hay que sentirlos, vivirlos, atravesarlos aún con el efecto que tiene el tiempo en los amores: a veces pueden diluirse, pero si logras reconfigurarlos, ir comprendiendo los vaivenes que pueda haber, es siempre amor.

Y en eso estábamos cuando de repente se calzó la camiseta del club de mis amores (y la del suyo). Cantó volver y se vistió de azul y oro para entregar sus últimas funciones como jugador de fútbol. Diego es patrimonio de todos y todas, no lo voy a negar. Pero como esto es una crónica personal, no puedo dejar de resaltar el sentimiento bostero que me une (aún más) al crack de todos los tiempos. Y para el pibe de 10, 11 o 12 era un regalo del cielo poder disfrutar al ídolo con esos colores. Hasta hay mechón amarillo en homenaje, pero lo vamos a dejar ahí.

Con Diego me pasa que sufro cuando él sufre y me pone feliz cuando lo veo feliz. Recuerdo con emoción su discurso de despedida en el partido de noviembre de 2001 y aquel “la pelota no se mancha” que hoy sigue graficando infinidad de situaciones. Le fuimos a dejar un cartel de apoyo con un amigo a la Suizo Argentina cuando lo internaron en 2004. Me entusiasmó verlo como lo vi cuando se hizo ese, ya a esta altura, programa de culto llamado “La Noche del 10”. O cuando se subió al tren del ALBA camino a Mar del Plata cuando se enterró el proyecto del ALCA que promovía Estados Unidos (una imagen muy presente en estos días que se cumplieron 10 años de la muerte de Néstor Kirchner). Y así cada momento puntual de su vida.

Diego cumple 60 y se pueden abordar miles de aspectos sobre él. El mundo maradoneano es inabarcable tanto como su obra. Lo que hizo con la pelota no tiene parangón y seguiremos admirando cada magia que nos dispara un video de You Tube o un especial en la tele. Pero está el otro Diego, que se complementa con ese que la rompía en el verde césped. El Diego que se planta contra los poderosos, el Diego que no se olvidó de sus orígenes, el Diego que abraza al pueblo y a los más humildes. Con sus contradicciones a cuestas (¿quién no las tiene?), pero de un determinado lado de la mecha, como diría el Indio Solari, otro prócer nacional.

A lo largo de este mes en un proyecto que llevo adelante hace unos años (La Pelota Siempre al 10, valga la redundancia) le pregunté a varias personalidades qué le dirían a Diego si lo tuvieran enfrente en este cumpleaños. La mayoría me respondió: “Gracias”. Y la verdad es que no cabe otra. Además de desearle lo mejor, ¿qué le podemos decir a un tipo que nos hizo tan felices?

Para el cierre me quedo con lo que alguna vez dijo Ernesto Cherquis Bialo sobre todo lo que condensa la figura de nuestro cumpleañero: “Fiorito y Dubai, barro y siete estrellas, canillas de oro y letrina, Maradona es el producto de todo eso y además, por las dudas de que me haya olvidado de decírselo, el mejor jugador de fútbol argentino y el mejor de todas las épocas”. Felices 60, Maestro.


Sebastián Tafuro

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Soy Sebastián Tafuro (@tafurel), tengo 35 años y creo que lo más lindo del mundo es escribir. Ponerle palabras a todo aquello que merezca ser contado o que al menos nos interese contarlo a nosotros. En ese sentido una frase de cabecera es una que me dijo Ezequiel Fernández Moores en una entrevista y me conquistó: “El deporte es una herramienta para contar historias”. Hoy es la insignia de un proyecto que intitulé La Pelota Siempre al 10 (@siemprealdiego en TW). Y acá en este lindo espacio del Rincón les contaré sobre la Liga de España y sobre las andanzas de Guillermo Brown de Puerto Madryn en la Primera Nacional. Abrazo de gol!

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