El Papá Noel de Amazon

El Presidente“, la nueva serie de Amazon, dejó tela para cortar, pero sobre todo a un personaje digno de Hollywood. La vida de Chuck Blazer, el soplón número uno del FBI en FIFAgate, fue un festival excéntrico pagado por CONMEBOL y los sobres de FIFA.

Por Facundo Di Bona.

“Este es el dueño de la navidad” -le dice Julio Grondona a Sergio Jadue- “Vuela por todo el mundo trayendo regalos. Vos le pedís lo imposible y el tipo te lo trae. Eso sí, se queda el 10%”. La charla se da en un salón vip del Maracaná durante el partido inaugural del Mundial de Brasil 2014. O por lo menos allí la sitúa El Presidente, la nueva serie de Amazon que busca retratar el entramado de corrupción dentro de Conmebol que derivó en gran parte del FIFAgate. Eso sí, el director Armando Bó prefirió darse varios permisos de ficción, basado en hechos reales. El dueño de la navidad es Chuck Blazer, un segundo soplón en la serie, un actor de reparto en todo ese escándalo, pero que tiene mucho que ver en esta historia.

La vida de Jadue y su ascenso como presidente de la Asociación Chilena y vicepresidente segundo de Conmebol es el hilo conductor de esta trama que lo planta como el topo de la corrupción que había entre los dirigentes sudamericanos. Aunque no fue el primero que cantó ante el FBI. Chuck Blazer, ex secretario general de CONCACAF y miembro del comité ejecutivo de la FIFA entre 1990 y 2013, fue cooptado por Estados Unidos para destapar la olla. Era eso o el doble de pena. Blazer era “Mr. 10%” para los amigos de la FIFA. De la misma camada que Grondona y Havelange, recibía coimas por todo: contratos con la TV, dinero por elección de sedes, pago por relaciones públicas entre Federaciones y un sobre de 20.000 dólares por cada viaje a Zúrich que pasaba a buscar justo antes de subirse al avión que lo llevaba de vuelta a Estados Unidos.

Su vida fue un festival excéntrico pagado por CONCACAF. Chuck Blazer vivía en el piso 49 de la Torre Trump. El sobrepeso y la edad lo obligaron a andar en un scouter eléctrico. Salía a pasear por Central Park en la tarde, con su mascota, un guacamayo azul y amarillo, parado en el hombro. El pirata Barbarroja versión siglo XXI. Para su amigo fiel, construyó en su departamento una pajarera de 150.000 dólares con pisos de mármol y vista a la 5ta Avenida. El pájaro tenía una televisión con pantalla plana para dejar Animal Planet de fondo. Todo iba por cuenta de CONCACAF. Como también un piso de 5.500 dólares mensuales en el mismo edificio. Era, literalmente, para que vivan sus dos gatos.

El delirio del pope norteamericano fue acompañado de fotos con exponentes internacionales. Nelson Mandela y Mohamed Alí. Hillary y Bill Clinton. O Rey Pelé estrechando su mano. El Príncipe Carlos y la Reina de Inglaterra, a quien le robó dos vasos de la casa real. “De recuerdo” -explicó Mary Lynn Blanks, ex pareja de Blazer, en el documental The FIFA Family, también de Amazon, pero sin ficción- “Se los guardó en los bolsillos del traje”. Hubo incluso una reunión con Vladimir Putin. El líder ruso le recordó su parecido físico a Karl Marx. “Lo sé”, le contestó entre risas. Se abrazaron y chocaron los cinco. Todo en el marco para elegir a Rusia como sede del Mundial 2018.

Es cierto -como retratan en El Presidente– que Blazer llevaba un micrófono en su llavero. Cuando salía de las reuniones subía a una minivan para que el FBI descargue el contenido. También es cierto que el escándalo se desató porque Estados Unidos no soportó la elección de Qatar como sede del 2020. Bill Clinton había impulsado la candidatura de su país, pero ganó el que puso más plata en los votos. Blazer, que fue fundador de la Liga Estadounidense de Fútbol en 1986, apoyó la idea, aunque terminó acompañando -en secreto y resignado- la decisión final de sus compañeros en FIFA.

Otro que iba a apoyar la candidatura de Estados Unidos era Michel Platini, en ese entonces presidente de UEFA y hoy procesado por sobornos en la causa del FIFAgate. El astro francés asistió a una reunión en el Palacio de Elíseo con el Emir Tamin de Qatar y Nicolás Sarkozy, por ese entonces presidente de Francía, quien le pidió a Platini que votara por los árabes para el 2022. De lo contrario, no podrían vender aviones franceses. Entre 2013 y 2015, Qatar aumentó la compra de los modelos Rafale y AirBus al Gobierno francés de 290 millones a 1.9 billones de euros. Zinedine Zidane fue consultor de la oferta qatarí en FIFA.

Pobre David Beckham, que se expuso ante los medios en plena elección de sede para el Mundial 2022. Encabezaba la propuesta de Inglaterra y estaba seguro de que podía confiar en el Comité Ejecutivo de FIFA. “Son hombres del fútbol”, dijo. Después sacaron el papel que decía Qatar y se terminó su sueño. Tiempo después, Der Spiegel, revista alemana, sacó a la luz que Franz Beckenbauer estuvo involucrado con sobornos en la elección de Alemania como sede para el 2006.

Chuck Blazer siguió haciendo de topo del FBI y se declaró culpable por sobornos y lavado de dinero, pero hundió a muchos de esos hombres del fútbol. Francia 1998 y Corea-Japón 2002 fueron elegidos en base a coimas. Sudáfrica 2010 contó con la excusa perfecta de organizar un Mundial en un continente nuevo. Brasil cargó su agenda deportiva entre el cónclave más importante de fútbol en 2014 y los JJ.OO. 2016. Aunque el tirón de orejas al Papá Noel de la FIFA llegó en forma de evasión de impuestos con cuentas offshore. Así tomaron al toro por las astas. Los dirigentes no cobran sueldos y Blazer nunca declaró su 10%. Terminó ayudando al FBI a armar una causa contra 40 dirigentes, empresarios y organizaciones. A él le secuestraron 1.9 millones de dólares.

Blazer fue declarado culpable de diez cargos, pero no llegó a tener sentencia firme. En 2015 se le prohibió ejercer cargos en FIFA. Estaba instalado en su departamento en la Torre Trump. En 2017 murió por cáncer colorrectal. Tenía 72 años. En paralelo, Gianni Infantino ya se había instalado como presidente de la casa madre. “Tenemos que traer de vuelta el fútbol”, declaró cuando asumió. Le preguntaron si mantendría a Qatar como sede y fue clarísimo: “Ha habido muchas acusaciones. No he visto ni una prueba”. El problema no fueron los qataríes. Ellos se amoldaron a la normalidad de FIFA y jugaron el juego al que los invitaron. Después de la investigación y todavía sin sentencia, eligieron a Estados Unidos -junto a México y Canadá- como sede del Mundial 2026. Había que saldar cuentas. Total, como decía el anillo de Don Julio: “Todo pasa”.


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