Belén Potassa: “El fútbol no es solamente nuestro, sino de todas.”

ENTREVISTAS

María Belén Potassa nació el 12 de febrero de 1988 en Cañada Rosquín, un pueblito de alrededor de 7.000 habitantes ubicado en la hermosa provincia de Santa Fe. Con más de 300 goles en su carrera, esta delantera de UAI Urquiza tiene una riquísima trayectoria a nivel clubes y con el seleccionado nacional fue campeona de la Copa América “Argentina 2006”. También integró el plantel que regresó a las albicelestes a una cita mundialista tras doce años de ausencia.

“Bienvenue, Belén”. La futbolista santafesina es parte de la historia del seleccionado. (@belenpotassa)

A raíz del próximo mundial, El Rincón del Fútbol a través de quien suscribe, debía optar por un partido histórico y una jugadora emblemática: “Pota” fue la elegida y esa final de Copa América 2006 (llamada por entonces Torneo Sudamericano Femenino), el cotejo que consideramos como icónico y no solamente por alzar el título, sino porque se le gana a Brasil y en casa.

Belén Potassa tuvo paso por Rosario Central, San Lorenzo de Almagro, Santiago Morning de Chile y Boca Juniors. Desde 2014 integra el plantel de UAI Urquiza, uno de los equipos más trascendentes del fútbol femenino de nuestro país que ha logrado sacar del foco y de los podios a clubes como River y Boca, precisamente su antiguo hogar. Este próximo fin de semana, UAI define a las campeonas del torneo de Primera de AFA justamente ante las “millonarias” y Pota quiere irse a Francia con un campeonato bajo el brazo.

Haciendo foco en el partido del año 2006 frente a las “verdeamarelhas”, te invitamos a que leas y conozcas un poquito más a esta mujer de 30 años que forma parte de una generación de futbolistas que no solamente luchan incansablemente por ganar trofeos, sino que cambiaron la forma en que la sociedad observa el fútbol femenino: “LAS GIGANTES” sentaron precedentes y Belén es una de las pioneras de esa lucha.

RdF – ¿Te acordás de cómo fue la previa de la final con Brasil de 2006? ¿Qué se decían? ¿Cómo se sentían?
BP – En ese momento yo tenía 17 años y había jugadoras más grandes que nos alentaban constantemente; teníamos la referencia que había que ganar, hacer historia. Sabíamos que Brasil tenía muy buenas futbolistas: Brasil era Brasil.
En el almuerzo previo al partido ellas llegaron al comedor tocando la pandereta, haciendo “quilombo”, bien como es Brasil: fiesta y alegría. Nosotras teníamos perfil bajo, almorzábamos calladas, tranquilas. Entonces pensamos: “no puede ser que se nos rían en la cara, que crean que ya nos ganaron”. Fue positiva esa bronca que nos dio que creyeran que no éramos nadie, eso fue de lo que más se habló. Estábamos tranquilas y concentradas, sabiendo que hicimos todo lo que se necesitó para llegar ahí, mientras que ellas estaban muy relajadas.

RdF – ¿Cómo fueron los momentos de los goles y del post partido, habiendo salido campeonas en un escenario tan significativo como el Estadio José María Minella? Además, sin tener la visualización con la que se cuenta actualmente.
BP – Creo que a ninguna se nos borra ese partido de la cabeza. Se abrió en el segundo tiempo con un tiro libre de Eva González, casi desde mitad de cancha. Me acuerdo de que todas estaban festejando y a mí el preparador físico me pedía que demorara un poco en irme del área brasileña para que no salieran rápido porque se nos iban a venir con todo.
Después todas nos tirábamos de cabeza a buscar la pelota, trabábamos, donde había una brasilera tenía dos argentinas encima: fue un partido que soñás jugarlo así, de igual a igual. Al rato Rosana Gómez tiró un centro y yo, anticipando a la defensora, le crucé la pelota a la arquera y nos pusimos dos a cero. Con Rosana nos tiramos al suelo, nos gritamos el gol cara a cara, pero no nos abrazábamos (risas); la emoción, la euforia, ¡no sabíamos qué hacer!
El festejo fue eterno para nosotras, aunque no teníamos la trascendencia de hoy, ni tanta gente nos seguía: no sé si llegaba a haber 100 personas en la tribuna, pero eran nuestras familias y amigos, entonces fue hermoso; hicimos historia y lo pudimos celebrar con nuestras personas más queridas. Algo similar a lo que pasó en la cancha de Arsenal en Sarandí.
Aquella vez clasificamos directamente al mundial y a los Juegos Olímpicos por primera vez. Recuerdo que Brasil se subió al podio, recibió las medallas y se fue: estaban muy enojadas ellas, pero nosotras estábamos felices, dando la vuelta olímpica y gritando. El resto de la celebración ahí me la perdí porque me tocó hacer el “anti-doping”, así que la pude seguir cuando volví al hotel con la familia. Un recuerdo hermoso, especial, es el partido que no nos vamos a olvidar más.

“Ruth Bravo (#8), Potassa (#9) y Mariana Larroquette (#19)” en el partido por el repechaje. (@belenpotassa)

RdF – Analizando esa Copa América, supongo que fue muy especial para vos, sobre todo teniendo en cuenta los goles que hiciste y a quiénes. En la primera fecha a Uruguay en el “Clásico del Río de La Plata”. En la segunda le anotás dos a Chile en el “Clásico de Los Andes” y en la final, ni más ni menos que a Brasil en el “Clásico de Las Américas. Más allá que el gol contra las brasileñas probablemente esté un peldaño por encima de los otros, ¿con cuál fue que te dijiste: “che, pará, estoy en una Copa América con la selección mayor y haciendo goles”? ¿Con cuál reaccionaste a eso más rápido?
BP – Obviamente que contra Brasil está un escalón arriba, es uno de los mejores goles, de mis preferidos, de los más importantes de mi carrera. Respondiendo la pregunta diría que fue el que le hice a Uruguay y no solamente porque como delantera vivo de goles, sino porque marcar en el primer partido es muy importante, te da una confianza enorme. También por lo que decís; pensás “la pucha, estoy jugando mi primer Sudamericano con la selección mayor y meter un gol…”. Ese tanto me abrió los ojos, me dio la confianza de mis compañeras y sentí que hasta la final no parábamos.

RdF – Tenés una carrera llena de momentos icónicos: aquella Copa, formás parte de este UAI Urquiza que es un emblema del fútbol femenino, estás dentro de la generación de jugadoras que cambió la percepción hacia la disciplina, que lograron que se las vea y escuche. También estuviste dentro del equipo que jugó la Copa América 2018 y sale tercera ganando la chance del repechaje y jugaste en Arsenal y en Panamá, obteniendo el pasaje al mundial de Francia. ¿Son consientes del lugar que ocupa esta generación de futbolistas argentinas y de tu rol en particular o creés que con el tiempo vas a darle su real magnitud?
BP – Mirá, sinceramente no me doy cuenta. Por eso a veces mi mamá me reta (risas). Cuando voy a mi pueblo y alguien me pide un saludo, un autógrafo o una foto, me da vergüenza porque pienso que no soy nadie especial, pero me hacen ver que sí lo soy, que lo somos, que esta generación logró muchas cosas. Pasa que a veces uno peca de inocente y no nos damos cuenta de lo que lo que estamos pasando, de lo que atravesamos, de nuestras carreras. En mi caso particular, creo que con el tiempo voy a entenderlo; quizás cuando esté lejos de las canchas o no lo esté viviendo, me voy a dar cuenta de lo que fui, de lo que soy. Es algo lindo, ojalá lo empiece a notar ahora para poder disfrutarlo.

RdF – Independientemente de lo que se consiguió en 2006 y que ese partido fue glorioso, lo que sucedió en el estadio de Arsenal también marcó un hito para la selección femenina. ¿Cómo vivieron esa etapa? Saber que iban a jugar ahí, que las entradas estaban agotadas, ¿qué les generó toda esa previa y, por supuesto, todo lo que llegó después?
BP – Fue distinto a todo. Estábamos muy ansiosas, queriendo saber en qué cancha íbamos a jugar, cuánto iban a costar las entradas, es más, estando en la concentración tratábamos de conseguir entradas nosotras. Cada una pedía una equis cantidad y no nos alcanzaban (risas), queríamos más. Y saber que se habían agotado fue una locura, no duraron ni dos horas: esto nos levantó muchísimo porque íbamos a tener un estadio lleno que era lo que soñábamos desde siempre y nos estábamos jugando algo trascedente, pero sabiendo que teníamos apoyo y no íbamos a estar solas, que en la cancha y en todo el país nos iban a estar mirando; fue un plus. Creo que se notó cuando salimos a jugar que tener ese respaldo hacía que no nos importara nada más que ir para adelante, todas estábamos muy motivadas. A veces es difícil de explicar con palabras, pero si repasás los gestos de las jugadoras que estábamos como titulares durante el himno te das cuenta de que fue tremendo. En otras ocasiones, durante el himno estábamos serias, concentradas; acá reíamos, no podíamos parar de sonreír y mirar a las tribunas pensando que además de nuestras familias y amigos había gente apoyándonos. En mi caso particular me pasó que quería ponerme a saltar y cuando terminó el partido quería irme a la tribuna y abrazar a todos. La verdad que fue emocionante, hermoso. Desde la previa, cuando íbamos por la autopista teníamos autos alrededor tocando bocina, con banderas, saludándonos, fue algo soñado. Nosotras lo veíamos por la tele cuando le pasaba a los jugadores y vivirlo nosotras fue un sueño.
En la previa era eso, saber que estábamos juntas, unidas y que había que usar un “nosotras” en vez de un “yo”. Lo pudimos demostrar y fue precioso.

RdF – Pensando en la realidad que atravesaba la selección antes de ir a la Copa América de Chile en 2018, a este presente donde todo se ha modificado tanto en poco más de un año, ¿podés dimensionar el cambio tan drástico que generó este plantel y su lucha? De salir en la foto principal con ese gesto de ponerse la mano en la oreja, imagen que recorrió el mundo, a estar en un álbum de figuritas…
BP – De eso si nos damos cuenta porque lo vivimos en carne propia. Desde la Copa América de Chile a hoy pasaron muchísimas cosas que por ahí la gente que no está metida dentro del tema de la selección, no las sabe. Como el hecho que haya sponsors buscando promocionar jugadoras, cosa que antes era algo muy lejano. O que una marca como Adidas confeccione la ropa que vamos a usar en el mundial, ¡tener un vestuario! El álbum: jamás en mi vida me imaginé estar en un álbum de figuritas tan importante. Antes le pedía plata a mi abuela o lo que me daban lo gastaba para comprar y ver qué jugador me tocaba y hoy seguramente mis sobrinos vayan a comprar y le salga la figurita de su tía. Sabemos que es muy importante y por eso estamos tan concentradas en lo que es la preparación, en llegar al mundial de la mejor manera porque queremos seguir haciendo historia, que sea un salto más, poder conseguir la clasificación y que sea épico, pero para que la disciplina siga creciendo. Para muchas de esta generación podría ser nuestro último mundial y sabemos que lo que se logre va a servir para las que vienen atrás. A algunas nos pueden quedar dos o tres años de competencia, pero las chicas que vengan no van a tener que sufrir lo que sufrimos nosotras: van a tener la ropa adecuada, un lugar de entrenamiento, un vestuario: la gente ya sabe que existe el fútbol femenino y las va a reconocer. En nuestro caso tuvo que pasar mucho tiempo para que nos conocieran y supieran quiénes somos: hoy lo saben, mas tuvieron que pasar muchas cosas y pasaron. Fue una linda experiencia formar parte de eso porque somos conscientes que no lo hicimos para figurar nosotras, sino para que las generaciones que lleguen después, no lo tengan que atravesar.

“Felicidad mundial”. Argentina acaba de sacar su pasaje a Francia en Panamá. (@belenpotassa)

RdF – Ahora te voy a trazar un paralelismo y espero no ponerte en una situación “rara”.
No hace falta explicar quién es y qué significa Lionel Messi en el mundo del fútbol. “La Pulga” lleva quince años siendo el máximo exponente del fútbol argentino en el planeta, pero a nivel de selecciones mayores, vos tenés algo que él no tiene: un título oficial con la selección mayor. ¿Te habías dado cuenta de eso?

BP – (Risas) Sinceramente no me había dado cuenta, nunca me puse a pensarlo. Ahora lo noto porque me lo decís. Es un tremendo orgullo. La única vidriera que tiene Argentina en el fútbol es a través de los varones y saber que tengo algo más que lo de él me lleva a pensar que ojalá mucha más gente lo sepa y no sólo por mí, sino por todas las jugadoras que tal vez logran más que muchos jugadores y lamentable no tienen el reconocimiento que merecen, no son “alguien” en comparación. Te repito, no lo sabía y hoy lo sé, me siento orgullosa. Y espero que esto genere más apoyo para las nenas que vienen, como pasa en Barcelona que trabaja tanto el masculino como el femenino; ojalá que en Argentina empiecen a copiar un poquito más.

RdF – Como lo mencionamos anteriormente, estás dentro de una generación de jugadoras que sienta un piso desde la lucha, pero también desde el rendimiento, a quienes se las reconoce porque hablan con la pelota en los pies. Estefanía Banini o Soledad Jaimes, por ejemplo, que está en Olympique de Lyon, el mejor equipo femenino de los últimos cinco años, por lo menos, y que va a disputar la final de Champions de mujeres. ¿Cuál creés que es la herramienta fundamental o el paso siguiente que se tiene que dar para que de aquí en más, las futbolistas puedan seguir hablando con la pelota en los pies sin necesidad de luchar tanto por la igualdad?
BP – La verdad que me siento como una privilegiada de la vida por todo, por compartir con jugadoras que son excelentes con los pies y como personas; sé de dónde vienen, cómo la lucharon y el crecimiento que tienen me pone muy feliz. Sole creció muchísimo y jugó en equipos que, francamente, es para aplaudirla. Le deseo que lo pueda lograr, que lo disfrute y que venga mucho más para Florencia Bonsegundo, Estefanía Banini, Ruth Bravo “La Chule”, para todas. Mariana Larroquette, por ejemplo, que despegue y pueda seguir su carrera en Europa; que sigan creciendo, a ellas les queda mucho más que a mí.
Como decís, la base está y creo que lo que se está logrando, lo que Conmebol, FIFA y AFA están dando, va a generar que las chicas que lleguen puedan dedicarse solamente a jugar al fútbol y esto es muy importante. Pero me parece que lo fundamental está en cada una, que sean conscientes que ser profesional no implica que se tenga que perder esa pasión que existe en el amateurismo, esas ganas de querer ganarlo todo más allá de lo monetario; que no interese si te pagan uno, dos o millones de pesos; jugar por amor a la camiseta, que ese sea el premio que las motive. Va a depender de que las jugadoras lo entiendan y se guíen por las referentes que tuvieron, que sepan que nosotras jugábamos para que Argentina volviera al mundial, pero no por el dinero que pudiéramos obtener: queríamos clasificar para que se abrieran más puertas y se visibilizara más. Nos lo propusimos y lo logramos. Hay que tener la cabeza fría y los pies en la tierra, no perder la pasión ni el amor por la camiseta. Hay que tener amor por lo que se hace sin pensar en el beneficio económico como objetivo principal. Para nosotras el premio más importante después de llegar al mundial es saber que aparecieron nuevas puertas, que el fútbol femenino crece y cambia. Lo demás llega solo, si vos alcanzás metas, los sponsors se acercan.
Depende de nosotras que esto se mantenga; si solamente va a importar lo material, pero no se logran objetivos, lamentablemente se va a perder lo conseguido. No es como el masculino que cada jugador es prácticamente una venta asegurada, que es un negocio desde el principio. Si en el femenino no mantenemos las bases, estas vigas bien firmes, creo que no se va a poder sostener. Las jugadoras tienen que ser muy capaces y no perder consciencia que lo que se obtuvo fue a través de muchos años de sacrificio, esfuerzo y trabajo duro y que ellas tienen la suerte de tenerlo un poco más fácil, pero su responsabilidad va a ser conservar esto que se logró y llevarlo a crecer más. Tienen que ser inteligentes, responsables y saber que el fútbol no es solamente nuestro, sino de todas. Y así como esta generación consiguió esta base, ellas van a tener que mantenerla para las que vengan después.

“17 años” tenía Pota cuando jugó la Copa América 2006 y fue la goleadora argentina. (@belenpotassa)

FOTO DESTACADA: “Belén Potassa tras la clasificación en Panamá”
Todas las imágenes pertenecen a la cuenta de Twitter oficial de Belén Potassa (@belenpotassa)


Maru Burak

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Nací un lluvioso lunes 12 de julio de 1982 y según mi DNI me llamo María Clarisa Burak, pero soy simplemente Maru. En 2006 dejé mi natal Provincia de Buenos Aires y me vine a Córdoba, donde resido desde entonces. Por hobbie hago música, canto e intento bailar, pero mi vocación es, fue y siempre será el periodismo. Me sumé a "El Rincón del Fútbol" en febrero de 2017 y espero mantenerme acá mucho, pero mucho tiempo: no es usual encontrarse a una manga de loquitos igual de fanáticos que yo. Aunque todos los deportes me atraen, el fútbol tiene ese no se qué, ese encanto que me aprisiona. Deseo que el futuro me encuentre dedicada a mi vocación y que pueda desarrollarla con criterio y profesionalismo. Soy MESSIsta, soñadora e ideologista, del deporte y de la vida. Sólo resta decir... ¡Pero qué viva el fútbol!

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