De cuchara

Cuenta la historia que el fútbol tuvo sus orígenes en las Islas Británicas a mediados del siglo XIX. En aquellas tierras se comenzó a reglamentar el juego que tanto nos apasiona hoy en día. Y aunque esto es cierto, nunca reglamentaron el trato hacia la pelota que un jugador debería tener. A los ingleses se les escapó ese detalle, los “firuletes” que nos regalan algunos players no figuran en ningún reglamento. El fútbol tuvo algunos antecedentes históricos donde instruidos jugadores trataban a la redonda con cierta habilidad. Estas contiendas no solo generaban reuniones de personas en torno a un campo de juego, también tenían un carácter sumamente religioso.

Por ejemplo, en el antiguo lejano oriente, más precisamente en Japón, se practicaba el Kemari. La cantidad de jugadores que intervenían en el juego (llamados mariashi) variaba de 6 a 12 dependiendo de las dimensiones del kikutsubo (campo de juego), en cuyos extremos se podían encontrar cuatro árboles que servían como límites y representaban las estaciones del año. El asunto era impedir que la pelota tocara el suelo dando pases con la ayuda únicamente de los pies.

El balón (llamado mari) tenía unos 25 cm de diámetro y estaba hecho, generalmente, de cuero relleno con aserrín. La particularidad del Kemari era que no se lo consideraba un juego competitivo, es decir que no había ni ganadores ni perdedores, el balón tenía que mantenerse en el aire y todos los mariashis debían colaborar para que esto se lleve a cabo. No obstante, los buenos jugadores recibían alguna recompensa de parte de su emperador. En sus principios era practicado por funcionarios religiosos, aunque con el paso del tiempo tomó un carácter más popular.

En Mesoamérica también existía un juego de pelota muy particular, el famoso Pok Ta Pok practicado por los pueblos mayas, tanto en la vida cotidiana como en celebraciones religiosas. Las dimensiones de las canchas variaban de acuerdo a su ubicación geográfica. En Chichen Itza se encuentra la cancha más grande de Mesoamérica que mide 96 metros de largo por 30 de ancho.

La cantidad de jugadores participantes variaba de 2 a 4 por cada equipo y el objetivo del juego era mover la pelota de un lado a otro utilizando los codos, caderas y rodillas e intentar pasar el balón por unos aros ubicados en las paredes laterales del campo de juego. Esto último denotaba una verdadera proeza, por un lado, porque la pelota era una esfera maciza de caucho que pesaba casi 4 kg, por el otro, porque los aros estaban a casi 8 metros de altura. Algunos historiadores afirman que quien lograba introducir la bola en el aro cumplía, de alguna manera, la meta máxima en su vida y una vez terminado el partido ese jugador era sacrificado con honores.

En la era moderna, el fútbol se ha popularizado como ningún otro deporte. Seguramente ni japoneses, ni mayas habrán imaginado que cientos de años después, el juego con una pelota terminaría desdibujando aquellas habilidades primigenias. En el fútbol de hoy hemos visto surgir grandes jugadores que diariamente nos maravillan con sus habilidades. Si solo nos limitamos al ámbito local podemos encontrar hermosos ejemplos como la chilena del “lagarto” Fleita a Chilavert, el mismo “Chila” dejando en ridículo al “Mono” Burgos con un zapatazo de media cancha, la famosa palomita de Poy, el caño de Riquelme al pobre Yepes, la boba de D´alessandro, los centros de rabona de Borgui, los tres dedos del “Chelo” Delgado y así podemos seguir infinitamente. A mí, particularmente, me gusta mucho la cuchara, soy fan de ese tipo de definiciones, creo que ni la de dios del “Loco” Gatti podría evitar un gol de cuchara bien ejecutado. Y cuando me plantée ponerle un nombre a mi columna pensé en habilidades futboleras, así surgió “De cuchara, crónicas de futbol”.

Para terminar les comparto un video donde algunos jugadores muy conocidos hacen un uso maravilloso de la cuchara, entre ellos el mejor jugador del planeta, la “pulga”. Sean Bienvenidos a este humilde espacio.

Foto: Reuters

Video: Diario digital AS (España)


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Acerca Diego González

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Diego Gonzalez nació un 11 de agosto del año 1975 en el Hospital Evita de Lanús, exactamente el mismo lugar donde también nació un cara sucia de Fiorito que años más tarde regaría de alegría el suelo argento. Desde temprana edad Diego se mostró como un niño motivado hacia la inventiva general (¿?), es por eso que al llegar a la pre adolescencia decidió que quería ser Ingeniero Electro-mecánico. Las cosas no salieron tal cual las soñó y los años hicieron su trabajo para intentar moldearlo como docente, profesión que ejerce actualmente con mucho honor y alguna que otra lágrima a fin de mes. Estudió historia, de ahí su pasión por esa rama de las Ciencias Sociales, además de trabajar en una escuela pasa varias horas de la semana metido en el Archivo Histórico de Barracas donde aprendió a desempolvar documentos, libros y fotos. Llegó al Rincón del Futbol por medio de una de las tantas invitaciones sin sentido que el Sr. Facebook nos provee cada día, aunque nunca imaginó que en “el Rincón” encontraría un espacio que sí tenía sentido. Hace un tiempo estuvo recluido en un retiro espiritual rogándole (quien sabe a quién) que sus neuronas no lo abandonen y se alineen correctamente para poder hacer uso de su pluma en pos de informar y entretener, siempre desde sus tres pasiones: la historia, el fútbol de ascenso y, desde hace algunos años, el fútbol femenino. Así que, señor lector, siéntese cómodo y espere tranquilo, algo bueno está por venir.

14 Comentarios en este artículo

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    Una obra, maestro!!

    Emiliano / Responder
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    excelente profe!!!!!!!!!!!!!! se me piento un lagrimon

    Hernán Acquesta / Responder
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    Muy bueno,felicitaciones!!!!!

    Cristian / Responder
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    Diego, se que lo que encaras es con capacidad y pasión, por eso esta columna que tendrás, seguro, será un gran placer para todos los que la leeremos,

    José Luis Masdeu / Responder
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    espero ansioso próximas publicaciones… algo referido al glorioso club de Boedo quizás… felicidades dieguito abrazo de gol y que viva el futbol

    dani / Responder
  6. Emiliano Schiavi

    Con la vorágine de publicar y publicar, me tomé un momento para leerte y es sencillamente brillante, Diego. Esto es poesía … Pero que viva la prosa, González !!!

    Emiliano Schiavi / Responder
  7. Mariana Godoy

    ¡¡Excelente, Dieguis!!

    Mariana Godoy / Responder

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