Boca y una “obsesión” que se transformó en seria amenaza

El “karma” de los partidos mano a mano que vive el “Xeneize” en el último tiempo puso a la Libertadores en un todo o nada. Guillermo, Tévez y Angelicci saben que no ganarla va a implicar consecuencias cercanas a un final de ciclo. Las responsabilidades de las tres patas.

Las réplicas del temblor sufrido en el mundo Boca tras la durísima derrota del miércoles en la final de la Supercopa ante River en Mendoza aún continúan.

La metáfora utilizada de un terremoto le sienta a la perfección al club de la Ribera. Reinaba la paz, llegó un terremoto “devastador” y ahora es el momento de chequear los daños y empezar la reconstrucción.

No es exagerada la figura: la derrota del miercoles movió por completo una estantería que parecía aferrada sobre bases sólidas y ahora está llena de dudas.

El golpe fue duro. Por lo que representa perder una definición ante el rival con el que no se puede perder nunca. Pero sobre todo hay dos elementos que le agregan más valor a la misma: una nueva demostración de falta de jerarquía para afrontar un partido a todo o nada y la falta de carácter, algo imperdonable para los hinchas de Boca que si justamente valoran algo (antes que un caño o un sombrero) es la entrega.

Aunque nadie se animaría a reconocerlo el partido ante River era una piedra en el zapato para Guillermo y compañía. Lo que menos interesaba era exponerse en un encuentro de esta magnitud a sabiendas de que aun acumulando victorias y un paso arrollador en la Superliga, el rendimiento venía dejando dudas, aunque la soberbia del entrenador no le permitiese reconocerlo. Y a esto se agrega otro elemento: River no tenía nada que perder. Llegaba mal y una derrota no implicaría más que eso: un partido perdido que se sumaría a otras del torneo local. No hubiese sido sorpresa. Boca llegaba como favorito y tenía mucho que perder. Y perdió mucho.

El 14 de marzo estaba agendado en los calendarios “bosteros” como la oportunidad de cerrar la herida que representó las eliminaciones ante el “Millonario” en las Copas Sudamericanas y Libertadores. Era la posibilidad de dejar atrás esa página que aún permanece latente y de “todo vuelva a la normalidad”, como dijo alguna vez Carlos Tévez. Pero no ocurrió. Y como dijo Daniel Angelicci, este plantel “entró en la historia negra del club”.

¿A quién puede achacársele la responsabilidad por la actuación tan liviana del miercoles? Un equipo que, además de carecer de ideas, mostró una preocupante falta de jerarquía y rebeldía para recuperarse de la adversidad de un gol tempranero. Un equipo que pareció no darse cuenta de la importancia y necesidad de ganar ese duelo.

Guillermo Barros Schelotto, amado por todo el club de la Ribera por los logros obtenidos en su etapa de jugador, es uno de los grandes responsables por esta nueva frustración. Su contratación estuvo emparentada con la idea de introducir el ADN “ganador” en los jugadores luego de una etapa con Arruabarrena donde el plantel flaqueó en instancias claves. Y no solo no pudo hacerlo. Sino que la profundizó con la derrota del último miercoles.

El “Mellizo” (que goza como tantos otros de los beneficios de la prensa “amiga”) no debe olvidarse que entre sus “batallas” se encuentra la derrota con Independiente del Valle por la Libertadores 2016 y la doble eliminación ante Rosario Central en las últimas dos ediciones de la Copa Argentina. Y en todas, con un elemento distintivo: la falta de carácter de sus dirigidos y el famoso karma de no estar a la altura de los partidos definitorios.

No se trata de caer en el papel del entrenador como único responsable. Pero en el aire se respira que el crédito de Guillermo sufrió una importante merma con la última derrota. Por formas, por algunos caprichos (Tévez de 9 o la nula participación del juvenil Maroni, son los más claros), por armado de plantel (¿Boca tiene un arquero como Armani? ¿Hay reemplazo para Barrios? ¿Junior Benítez está para jugar en Boca?) y por declaraciones (les resultó fastidioso a los fanáticos escucharlos hablar de merecimientos tras perder una superfinal).

Pero el crédito se recortó mucho más en el plantel. El público “xeneize” ya les adjudicó el mote de jugadores “pierde finales”, entre otras cosas. Y ese calificativo, para los fanáticos, es imperdonable. Hay un evidente fastidio de los hinchas para los cuales la obtención de la Superliga no va a significar alegría o festejo, va ser solo la obligación del deber cumplido. El objetivo era el miercoles y es pasado.

Dentro del plantel hay un apuntado: Carlos Tévez. El hombre de Fuerte Apache sabía a lo que se exponía cuando decidió regresar a la Argentina. Sabía que más allá de mimos y loas, iba a estar en la “mira” de gran parte del mundo Boca a raíz de su partida desprolija a China. Sabía que las exigencias para él iban a ser el triple que para los demás. Y que a la primera de cambio las municiones iban a caer sobre él.

El miércoles el tiempo pareció volver atrás y a Tévez repetir el papel de la semifinal de la Libertadores ante Independiente del Valle. Más allá de la posición en la cancha y del ritmo que le falta adquirir por sus “vacaciones en China” (como él mismo definió), se vio a un Tévez que caminaba la cancha, apático, sin rebeldía; que no se puso el equipo al hombro. Un Tévez fastidioso (que expuso a Cardona de manera increíble con sus comentarios luego del partido), un Tévez apagado, un Tévez que con su rendimiento hace preguntarse a más de uno si está para ser titular o no.

Y aquí entra la tercera pata: el Presidente Daniel Angelicci. Como bien se deslizó, el principal impulsor de la vuelta de Tévez. ¿Realmente el entrenador quería a Tévez en el plantel? Por vestuario, por esquema y por presión, la llegada de Tévez obligó a Guillermo a su inclusión como titular o a cambiar su esquema preferido (excluyendo a un volante) o colocándolo como 9, una posición que el “Apache”, más allá de goles, no siente.

Angelicci, además por gusto, le trajo al Mellizo un delantero que no es de su preferencia (Ábila). Aunque también debe reconocerle que desde que es titular de la entidad de la Ribera aportó su generosa billetera para traer en cada mercado de pases lo pedido por cada entrenador.

El presidente es esclavo de su famosa frase de campaña “preparen el pasaporte”. Y ese slogan se está convirtiendo en un dolor de cabeza para el que el viernes evidenció una bronca pocas veces exhibida con el plantel y el CT.

La Superliga parece un caramelo con sabor a poco para Boca. Por eso, esa obsesión llamada “Séptima Libertadores” dejó de ser, precisamente, una obsesión. Pasó a ser una necesidad y una obligación. El mundo Boca sabe que ahora sí es el único objetivo del semestre. Preocupa saber que en la misma los partidos son a todo o nada, la falencia de este plantel. Pero más preocupa saber qué puede llegar a pasar si no se gana. Guillermo, Tévez y compañía saben que, si no se gana, su futuro puede estar lejos de la Bombonera.

Imagen destacada: Fotobaires

 


Lucas Blanco

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Cuando pense que esto era una etapa pasada y perdida de mi vida, Dios quizo que nuevamente me reencuentre con esta pasion. Y el que entiende de "pasiones" (como bien dice el personaje de Guillermo Francella en el "Secretos de tus Ojos) no la cambia por nada. A lo sumo, la posterga, la oculta, pero siempre esta latente hasta que vuelve a despertar. Y un compañero de trabajo hizo de "despertador". Y aqui estoy junto a la gente del Rincon que con mucha generosidad me abrieron las puertas de este "lugarcito" que es combustible para mi vida. El futbol, el deporte en general. Los tatuajes. Los bichos. Los libros. La musica. Lo nacional y popular. Los codigos. Mis otros pasiones que me convirtieron en este loco enamorado que esta aqui para aportar lo poco sabe pero con muchas ganas.

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