Atenas: civilización, guerras de película y fútbol

¿Qué surge en la mente del futbolero cuando ve noticias sobre la liga griega de fútbol? Acaso cuando alguien ve la ferocidad en las tribunas durante un clásico entre Olympiakos y Panathinaikos, ¿no piensa en las guerras mostradas en las películas? ¿No se imagina, tal vez, las historias acerca de los todopoderosos dioses griegos o en las epopeyas de Aquiles?

Si algo de todo lo anterior sucediese, no sería nada descabellado. Grecia en general posee esa mística que la literatura y el cine se encargaron de brindarle, pero, en particular, también Atenas tiene una gran cuota de esa magia. En esa ciudad están, entre otros, el Panathinaikos y el AEK, dos de los tres equipos más grandes del fútbol griego, que le aportan una faceta más a su rica historia.

El Partenón, la estructura más icónica de Atenas. Foto: www.publico.es

Pero si de la historia de Atenas se habla, hay que dividirla en tres etapas para poder abordarla mejor: antigua, moderna y contemporánea. La primera de ellas hace referencia justamente a todo ese imaginario popular producto de los libros y las películas, e incluso el origen de su nombre se relaciona con los mencionados dioses, pues se cree -aunque no está confirmado- que deriva del de Atenea, la diosa de la sabiduría que, de hecho, es conocida como la protectora de la ciudad.

El período conocido como la Antigua Grecia abarca desde el 508 a.C. hasta el 322 a.C. En todos esos años, Atenas tuvo vaivenes de todo tipo: económicos, políticos y culturales. Su rivalidad con otros Estados como Tebas y Esparta hicieron que en varias ocasiones estuviera sometida y sitiada y, en otras oportunidades, al mando de todo Grecia.

Sin embargo, la relación entre Atenas y Esparta fue la más especial de aquel período, donde tuvieron lugar las Guerras Médicas que, aunque suenen raras, son conocidas popularmente gracias a la película 300. El desencadenante de esos conflictos bélicos fue la invasión de las costas jónicas de Grecia por parte del Imperio persa comandado por el rey Darío I. Para ayudar a los jónicos, los atenienses enviaron tropas que finalmente salieron victoriosas, pero que luego debieron acudir a la ayuda de los espartanos en la batalla de las Termópilas -en la cual los 300 espartanos más algunos aliados repelieron a más de 200.000 persas que estaban bajo las órdenes del hijo de Darío, Jerjes I-.

El moderno Museo de la Acrópolis. Foto: www.slamp.com

A pesar de la cooperación, atenienses y espartanos romperían relaciones más tarde y, como consecuencia, Atenas cayó en manos de Esparta y sus aliados de turno. El hecho de que Atenas no pudiera controlar su destino es algo habitual en toda la historia de la ciudad, pues luego fue invadida por los macedonios dirigidos por el gran conquistador Alejandro Magno y, siglos más tarde, por el Imperio romano oriental.

De todas formas, a pesar de que la guerra fue una constante en el estilo de vida ateniense de aquel entonces, también lo cultural se destacaba. Tal vez lo más sobresaliente haya sido el surgimiento de la democracia -algo inédito en el mundo en ese momento-, pero no fue lo único. Atenas fue el hogar de destacados filósofos de la historia, como Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes son las más sobresalientes figuras de la disciplina. A todo eso, además, hay que agregarle el complejo sistema educativo con el cual contaban los atenienses, en el cual aprendían gramática, matemática, poesía, música y hasta realizaban actividad física.

La etapa moderna de Atenas se caracterizó por las mencionadas conquistas que sufrió. El Imperio romano oriental primero y el Imperio otomano al final, antes de que todos los griegos se revelaran y comenzaran guerras para conseguir su independencia, algo que finalmente ocurrió en 1830. Todos esos conflictos ocasionaron que Atenas terminara con la población muy reducida y su infraestructura muy deteriorada, con un caso que es ejemplificador: el del Partenón. El templo de adoración a Atenea, que fue construido en la Antigua Atenas, fue bombardeado por venecianos en 1687, cuando la ciudad estaba en manos de los otomanos.

Monastiraki, una de las principales zonas comerciales atenienses. Foto: Lonely Planet.

Entrando en la etapa contemporánea, las penurias merman. Ya perteneciente al Reino de Grecia y años más tarde a la República Helénica -nombre oficial del país-, Atenas comenzó un crecimiento urbano que abarcó desde lo estructural -se empezó a reconstruir la ciudad tras años de guerras- hasta lo poblacional, pues los conflictos bélicos en toda Europa generaron una masiva migración. Además, fue en esta etapa cuando Atenas se convirtió en capital de la nación, cuando en 1835 el rey Otón I así lo dispuso.

Tal vez las guerras y la mitología son las cosas que más llaman la atención de Grecia y de Atenas puntualmente, pero, sin embargo, también la capital griega tiene su nombre grabado a fuego en la historia del deporte. Allí se disputaron en 1896 los primeros Juegos Olímpicos modernos, un evento que nació en la Antigua Grecia -más precisamente en la ciudad de Olimpia-, pero que estuvo sin realizarse por más de 1.500 años.

Más allá de los Juegos Olímpicos, en Atenas se vive con pasión tanto el básquet como el fútbol. Y si del deporte más popular del mundo se trata, hay que destacar a dos de los equipos más importantes de la liga griega: el Panathinaikos y el AEK Atenas. Entre ellos y el Olympiakos de El Pireo se disputan la mayoría de los títulos domésticos y, además, son los más populares de Grecia. A pesar de que hay rivalidades entre los tres, la más feroz es la que mantienen Panathinaikos y Olympiakos, que es conocida como el “Clásico de los eternos enemigos”.

El Estadio Panathinaikó, reconstruido para los Juegos Olímpicos de 1896 y el único en el mundo en ser totalmente de mármol blanco. Foto: Pixabay.

Panathinaikos habita en Atenas desde 1908, el año de su fundación. En sus 111 años de vida, el club de camiseta verde ha conquistado un total de 41 títulos nacionales: 20 ligas, 18 Copas de Grecia y 3 Supercopas de Grecia. Además, es el club helénico que más lejos ha llegado en competencias internacionales, pues alcanzó la final de la Champions League en 1971, donde cayó por 2-0 ante el Ajax. Además, como el conjunto neerlandés no quiso participar de la Copa Intercontinental de ese mismo año, Panathinaikos fue quien la disputó en su lugar y enfrentó a Nacional de Uruguay, que levantó el trofeo por un resultado global de 3-2.

El otro club grande de Grecia que tiene domicilio en Atenas es el AEK, siglas que en griego significan Unión de Atletas de Constantinopla, en alusión a los fundadores de la institución, quienes eran refugiados de la guerra entre los griegos y los turcos. Su fundación data de 1924, su camiseta es amarilla y negra a bastones -con origen en la bandera de Constantinopla- y tiene en su haber 30 títulos nacionales: 12 ligas, 15 Copas de Grecia, 2 Supercopas de Grecia y una Copa de la Liga de Grecia -que se jugó una sola vez en la temporada 1989/1990-.

Como en toda ciudad futbolera, existe un clásico. En el caso de Atenas, lo conforman el Panathinaikos y el AEK, y es conocido simplemente como el Derbi de Atenas. A pesar de que el nombre en sí no transmite muchas emociones, lo cierto es que los atenienses viven el clásico con mucha intensidad y, cada vez que hay una nueva edición, las calles se tiñen de verde, blanco, amarillo y negro. En cuanto al historial en sí, quien lleva la delantera es “El trébol”, que aventaja al “Águila bicéfala” por 22 partidos (62 a 40).

Pero el clásico griego por excelencia es otro. Ese que realmente paraliza el país, el que colma las tribunas, el que hace que los jugadores se tensen y jueguen menos por la presión. Ese que, lamentablemente, también genera violencia. Ese que se basa en cuestiones sociales más que en las estrictamente futbolísticas. Ese clásico es el que viven Panathinaikos y Olympiakos, que tiene su morada en la vecina ciudad de El Pireo.

Una recorrida por atenas y el ambiente en el Estadio Apostolos Nikolaidis del Panathinaikos durante un “Clásico de los eternos enemigos” ante el Olympiakos. Video: World of Ultras (YouTube).

Los números dicen que Olympiakos lidera ampliamente el historial. Los “Rojiblancos” se quedaron con la victoria en 81 ocasiones y perdieron en otras 50. De todas formas, más allá de las estadísticas están las diferencias que hacen del enfrentamiento una rivalidad más que fuerte.

Desde su inicio, Panathinaikos estuvo radicado en Atenas y sus seguidores pertenecían a la élite de la ciudad. Por otro lado, Olympiakos es de El Pireo, que es una ciudad portuaria y, por ende, ha sido frecuentada y habitada por la clase trabajadora que se hizo simpatizante del club. A esas distancias sociales se le agrega, además, el hecho de que Atenas usufructuó desde siempre ese puerto y también que El Pireo pasó a integrar el área metropolitana ateniense debido al crecimiento poblacional. Toda esa combinación es la que genera fuertes enfrentamientos tanto dentro como fuera de los estadios cada vez que se lleva a cabo una nueva edición del clásico griego.

La cuna de la civilización, patrimonio de la humanidad, el lugar que volvió a ver nacer los Juegos Olímpicos. De todas esas cosas puede jactarse Atenas, que, por si fuera poco, vive el fútbol de una manera que no suele verse tanto en Europa. Porque entre tantos dioses y batallas, los titanes de la redonda también tienen su lugar en la vida ateniense.

Imagen destacada: Lonely Planet.


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